Abrir la persiana de la nave en la que se guardan una docena de coches clásicos supone que todos los transeúntes que tengan la fortuna de pasar por delante interrumpan su paso. Sobre todo, si en la entrada te reciben siete toneladas sobre ruedas con un siglo de antigüedad, aunque luzcan como recién salidas de fábrica. Javier Navarro, mecánico de coches clásicos, en apenas una hora, ya ha escuchado los ruidos de asombro de casi treinta niños —a los que les ha merecido la pena la excursión—, ha atendido a dos agentes de la Guardia Civil —que no se han conformado con un vistazo rápido mientras patrullaban— y ha enseñado la colección a tres caminantes espontáneos. Y es normal, porque escuchar cien años después el motor del Hispano Suiza que estrenó la ruta de Pamplona a Donostia por el puerto de Azpíroz como el primer día, no deja indiferente a nadie. El autobús, comprado por un particular para su colección privada, ha sido completamente restaurado e incluso ha pasado la ITV.

“Me mandaron el anuncio de Wallapop porque saben que las matrículas navarras me vuelven loco”, cuenta Javier Navarro, mecánico apasionado por los vehículos “antiguos y con historia”, que al verlo habló “con un cliente al que ya le había hecho varios coches” por si le interesaba. “Si te atreves a hacerlo...”, le respondió el coleccionista, que ha confiado en las manos de Navarro para poner a punto todos sus clásicos. Desde un Seat 600, hasta un Hispano Suiza de 1936 al que “no hay forma de quitarle el olor a madera” utilizado por el general golpista y gobernador de Navarra Emilio Mola. El particular, que quiere preservar el anonimato, se ha dedicado “a sus negocios y su hobby ha sido esto”. “Inversión y diversión”, explica el mecánico mientras limpia un Mercedes 280 SL Pagoda y gira la cabeza hacia los otros diez vehículos que se custodian en la nave, entre ellos el autobús, su último huésped.