Francisco y su hijo reconstruyen ahora desde su casa de Huelva cómo accedieron a uno de los vagones más dañados y relatan la hora aproximada a la que llegó el primer guardia civil al talud de los cuatro metros

Es domingo. Es la hora de volver a casa. El tren circula con normalidad. Francisco Arroyo se pone en YouTube al grupo de heavy metal británico Judas Priest. El camionero Arroyo, de 57 años, observa el paisaje por la ventana. Hace un rato que ha colocado en la mesita plegable de su asiento el último libro que le han traído los Reyes Magos: Pepe Mujica y las flores de la guerrilla, un emotivo relato de la vida del expresidente uruguayo. En la butaca de al lado, la 5A del vagón cuatro de un Alvia con destino a Huelva y procedente de Madrid, está su hijo Víctor, de 24 años. Víctor ha ido a la capital porque quiere ser funcionario de prisiones, donde este 18 de enero estaba citado para el examen de la oposición.

Padre e hijo han disfrutado de un fin de semana juntos: con paseos por el centro, con un último repaso al temario desde el hotel y, de premio, una obra de teatro. Víctor lee ahora en su asiento El bosón de Higgs no te va a hacer la cama: La física, como nunca te la han contado, del divulgador científico Javier Santaolalla.