—El Vaquilla era un chivato. Los mejores atracos no los hizo él.
Javi R., de 53 años, apura una micra de cocaína que fuma en pipa, en un asiento del autobús 339, cuando este todavía no ha arrancado. Llegó a la cabecera del 339 en Sierra de Guadalupe (Puente de Vallecas) a la una del mediodía, con media hora de antelación y una enorme maleta vacía que guardará durante horas en los compartimentos superiores del autobús, mientras el vehículo va y viene de Vallecas a Valdemingómez, y mientras él acude a por su dosis diaria de metadona, a por un plato de comida y a por unas micras más de droga en uno de los puntos de venta a la entrada del sector 6 de la Cañada Real.
Javi R. afirma que compartió años de cárcel en Ciudad Real con Juan José Moreno Cuenca, El Vaquilla, que fue “un bandolero y atracador” más de los 80 y 90 que empezó a consumir heroína a los 14 años. Javi R. es uno de los pasajeros más queridos del autobús 339, “una bella persona en la línea más caótica de Madrid”, en palabras de uno de sus conductores, “la línea en la que nadie quiere trabajar”, y en la que conviven cada jornada trabajadores que vienen de la capital, estudiantes, familias con niños y toxicómanos. Un viaje de apenas cuatro paradas, de 10 minutos de duración. La 339: el único transporte público que conecta la ciudad con la marginalidad de los poblados chabolistas.






