Las empresas de autocares advierten de que si no pueden llegar donde lo hace el tren o el metro recibirían un trato “discriminatorio”

La primera teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, Laia Bonet, explicó el lunes -en una entrevista a EL PAÍS- que el plan del ejecutivo es crear estaciones de autocares interurbanos en plaza Espanya, Sagrera y la Diagonal con un claro objetivo: que el número de autobuses interurbanos que llegan al...

centro de Barcelona se reduzca “drásticamente”. Las declaraciones de Bonet, efectuadas en plena crisis de Rodalies, han sentado como un jarro de agua fría al sector que teme ser expulsado del centro de la ciudad. Por otro lado, los vecinos de calles como ronda Universitat convertida, desde hace décadas, en una estación de autobuses encubierta, se muestran incrédulos ante la enésima ocasión que se anuncia la acumulación de autobuses en las aceras de la ciudad.

Un portavoz de la Federación Empresarial Catalana de Autotransporte de Viajeros (Fecav) ha manifestado a EL PAÍS que declaraciones como las de Bonet constatan que las administraciones consideran el autobús como un “transporte de segunda”. “Que no se permita al autobús llegar a la última milla, como si hacen otros medios de transporte como el metro o el tren, es discriminatorio. Si tengo que subir a dos transportes diferentes para llegar al centro, se resta eficacia y directamente envía a los usuarios al transporte privado”, han denunciado.