Adorni acaba de confesar que tenía 506.000 dólares ahorrados sin declarar. Si el ahorro fuera cierto tuvo cuatro oportunidades de blanquear entre 2013 y 2022 antes de ser funcionario y no lo hizo. Un evasor que critica a los evasores. No es un detalle menor: va en línea con un gobierno que dice que el evasor es un héroe. Esa misma lógica es la que Milei lleva al plano internacional cuando publica su columna en el Financial Times proponiendo la desregulación total de la inteligencia artificial y figuras jurídicas para entidades operadas por agentes de IA. No está hablando solo de política tecnológica. Está eligiendo un modelo de sociedad desigual, controladora y autoritaria. La alianza entre Milei y Peter Thiel –ideólogo central de Silicon Valley– tiene una filosofía política explícita detrás. Thiel escribió en 2009 que no cree que la libertad y la democracia sean compatibles. Su modelo propone una monarquía dirigida por un CEO donde los ciudadanos funcionan como accionistas. Argentina, con su Súper RIGI para IA sin regulación, sería el laboratorio de ese experimento. ¿Y de qué viviría la gente en ese modelo? El economista de Oxford Daniel Susskind, en Un mundo sin trabajo, proyecta una sociedad de tres capas. Una muy pequeña de propietarios del capital tecnológico. Una capa media técnica de programadores e ingenieros, que viven bien pero sin derechos laborales ni estabilidad. Y una mayoría desplazada del mercado formal de trabajo, no por vagancia sino porque la IA hace lo que hacían ellos, más rápido y más barato. Para esa mayoría, Silicon Valley tiene como respuesta el ingreso básico universal. No como redistribución igualitaria sino como mecanismo para que la gente desplazada no se rebele. Una transferencia mínima que mantiene a las personas subsistiendo y consumiendo contenidos digitales, sin proyecto colectivo. Es lo que Byung-Chul Han describe en La sociedad del cansancio llevado a su extremo: individuos atomizados y deprimidos.
De los dólares de Adorni a la IA sin control
Adorni acaba de confesar que tenía 506.000 dólares ahorrados sin declarar. Si el ahorro fuera cierto tuvo cuatro oportunidades de blanquear entre 2013 y 2022 antes de ser funcionario y no lo hizo. Un evasor que critica a los evasores. No es un detalle menor: va en línea con un gobierno que dice que el evasor es un héroe. Esa misma lógica es la que Milei lleva al plano internacional cuando publica su columna en el Financial Times proponiendo la desregulación total de la inteligencia artificial y figuras jurídicas para entidades operadas por agentes de IA. No está hablando solo de política tecnológica. Está eligiendo un modelo de sociedad desigual, controladora y autoritaria. La alianza entre Milei y Peter Thiel –ideólogo central de Silicon Valley– tiene una filosofía política explícita detrás. Thiel escribió en 2009 que no cree que la libertad y la democracia sean compatibles. Su modelo propone una monarquía dirigida por un CEO donde los ciudadanos funcionan como accionistas. Argentina, con su Súper RIGI para IA sin regulación, sería el laboratorio de ese experimento. ¿Y de qué viviría la gente en ese modelo? El economista de Oxford Daniel Susskind, en Un mundo sin trabajo, proyecta una sociedad de tres capas. Una muy pequeña de propietarios del capital tecnológico. Una capa media técnica de programadores e ingenieros, que viven bien pero sin derechos laborales ni estabilidad. Y una mayoría desplazada del mercado formal de trabajo, no por vagancia sino porque la IA hace lo que hacían ellos, más rápido y más barato. Para esa mayoría, Silicon Valley tiene como respuesta el ingreso básico universal. No como redistribución igualitaria sino como mecanismo para que la gente desplazada no se rebele. Una transferencia mínima que mantiene a las personas subsistiendo y consumiendo contenidos digitales, sin proyecto colectivo. Es lo que Byung-Chul Han describe en La sociedad del cansancio llevado a su extremo: individuos atomizados y deprimidos.
















