Javier Milei eligió las páginas del Financial Times para hacer una jugada que excede la política doméstica: hablarle directamente a los inversores tecnológicos globales y ofrecerles a Argentina como el territorio más desregulado del mundo para instalar sus empresas de inteligencia artificial. La iniciativa está alineada al desembarco de Palantir de Peter Thiel, el tecnofascista que vive en Buenos Aires desde hace semanas.
La columna de opinión está firmada por el propio presidente junto a Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Reforma del Estado, que días atrás envió al Congreso la reforma más profunda al derecho societario argentino desde 1972: habilita la existencia legal de empresas operadas exclusivamente por algoritmos, sin empleados ni gerentes humanos. Ahora ambas piezas encajan: la reforma societaria es la arquitectura legal; la columna en el FT es el aviso publicitario dirigido al mundo.
El texto se titula “Argentina invites AI to free itself” —“Argentina invita a la IA a liberarse”— y arranca con una analogía histórica: la fundación de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en 1602 como origen de la sociedad de responsabilidad limitada y motor del capitalismo industrial. “La máquina y la entidad legal fueron, juntas, la doble hélice de la prosperidad moderna”, escribe Milei. El salto argumental es directo: así como esa figura jurídica liberó el potencial del capital, la IA necesita hoy su propio vehículo legal. “Tanto como la revolución industrial nos liberó de las limitaciones del músculo humano, la IA nos liberará de las limitaciones del cerebro humano, llevando la productividad más allá de nuestros sueños más salvajes”, dice el texto.











