Hay escenas de ficción que sobreviven porque explican mejor la realidad que muchos tratados de ciencia política. Una de ellas ocurre hacia el final de El Padrino, cuando Vito Corleone le deja a Michael una advertencia aparentemente simple: “Ahora escucha, quienquiera que venga a ti con esta reunión de Barzini, es el traidor. No lo olvides”. Trasladada al debate argentino, la analogía es bastante directa. Así como la propuesta de aquella reunión revelaba al traidor, la ausencia de una propuesta sobre Capital Humano revela algo igualmente preocupante: que los potenciales candidatos no han comprendido dónde se encuentra el principal problema estructural del país o que, habiéndolo comprendido, prefieren no hablar de él. Argentina lleva décadas discutiendo inflación, déficit, deuda, reservas, presión tributaria, inseguridad o tipo de cambio. Son cuestiones relevantes y seguirán siéndolo. Sin embargo, la centralidad que han adquirido desplaza del debate aquellos problemas cuyos efectos son más lentos, menos visibles y, precisamente por eso, más difíciles de revertir.
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