“¿La liberación sexual era esto?”, es la pregunta indignada que plantea la socióloga Andrea García-Santesmases en el centro de su último libro, Un nuevo contrato sexual (Editorial Ariel). En el libro, la profesora de la UNED analiza cómo el deseo heterosexual ha sido, en cierta medida, relegado a un segundo plano, tratado como algo olvidado. Como escribe: “El deseo heterosexual se obvia dentro de la discusión feminista como algo intrínsecamente problemático, que se da por perdido”.En una conversación al día siguiente de un Sant Jordi repleto de firmas para la autora, García-Santesmases se resiste a aceptar que la heterosexualidad se convierta en un terreno perdido cuando se habla de relaciones sexuales placenteras. Su propósito es precisamente abrir un espacio para pensar cómo construir vínculos heterosexuales más igualitarios sin renunciar al deseo.La experta relaciona el heteropesimismo con la necesidad de disputar el contrato social del sexo y su trabajo plantea las preguntas en torno a esta cuestión. Lo que le preocupa, señala, es qué ocurriría si no se llevaran a cabo investigaciones como esta: “Busco disputar a la derecha el marco de la heterosexualidad como algo necesariamente conservador”. El libro también indaga en la industria del deseo femenino, desde el auge del Satisfyer (el succionador de clítoris), el regalo más vendido en 2022, hasta la pornografía —las mujeres representan el 31 % de los espectadores de Pornhub, un porcentaje que aumenta cada año, según la propia plataforma. Sobre estos factores de mercado, la socióloga escribe: “Todas estas industrias han promovido productos que prometen empoderamiento y libertad, pero que con frecuencia refuerzan nuevas formas de presión sobre el cuerpo femenino: la mujer liberada debe ser deseante, multiorgásmica y estar siempre disponible”.Aunque decimos que no queremos volver al patriarcado, las fantasías reproducen precisamente eso”Andrea García-SantesmasesSociólogaUna pregunta fundamental sigue acompañando a la autora. En un momento marcado por la falta de confianza y el riesgo de violencia que atraviesa los encuentros sexuales, la cuestión del deseo regulado intriga a la investigadora incluso en su tiempo libre, mientras ella misma explora los límites del deseo heterosexual bailando 'bachata sensual' tres horas por semana.Allí describe un “recoveco” personal en relación con el deseo, una manera de “conjugar deseos que siguen respondiendo a lógicas patriarcales clásicas e ideales igualitarios”, apunta la académica. Y continúa: “Aunque al mismo tiempo decimos que no queremos volver al patriarcado clásico, ni quedarnos en casa ni ser un objeto, hay una parte de las fantasías que reproduce precisamente eso”.“Intento pensar cómo se articula la feminidad en esa tensión entre el placer y el peligro”Nathan Haimowitz¿Por qué hay que interrogar las relaciones heterosexuales?Si pensamos que la heterosexualidad es una norma que no nos ofrece ninguna posibilidad de crítica ni de transformación y la abandonamos, que es lo que ha pasado mucho con la crítica progresista, se cooptará por parte de lo neoconservador y por parte de la derecha. Ahora los únicos que están ofreciendo una alternativa, una visión positiva, es la parte conservadora. Si no decimos que hay una posibilidad de construir una heterosexualidad que no será ideal, pero sí más igualitaria, la alternativa ya te la están dando la manosfera o la femesfera: ‘Hazte valorar, sé una mujer de alto valor, y ahí vas a encontrar un hombre que realmente te valore’. Estamos volviendo a discursos totalmente rancios y tradicionales, en gran parte porque hemos abandonado toda posibilidad de encuentro.¿Qué papel tienen los encuentros heterosexuales estructurados, como en su caso, la bachata sensual?Para mí la bachata genera un espacio-tiempo como la pista de baile donde se reproduce un patriarcado tradicional, si ves el baile de la bachata verás que es muy generizado, las chicas hacemos muy de chicas, muy femenino, y los hombres son los que guían el baile y tienen la autoridad. Pero una vez termina el baile, acaba ese juego performativo patriarcal. Lo que me interesa no es ver las cosas como totalmente opresivas ni totalmente liberadoras, sino la disputa que hay ahora mismo dentro de la heterosexualidad. Las mujeres y las personas queer están desafiando muchas cosas, pero creo que la heterosexualidad tampoco es tan plana como parece.A lo largo del libro destaca las varias dimensiones del deseo femenino.Carole Vance plantea que la sexualidad femenina siempre se mueve entre la búsqueda del placer y el reconocimiento del peligro. Intento pensar cómo se articula la feminidad contemporánea en esa tensión histórica. Te han enseñado desde pequeña que tu cuerpo es violable, y esa percepción se ha exacerbado con el Me Too y el movimiento de denuncia de la violencia sexual. Hemos virado demasiado hacia el peligro. Es muy importante denunciar todas las violencias, pero estamos un poco asustadas.Aboga por un nuevo contrato sexual, pero no define en qué consistiría exactamente.No tengo la respuesta exacta, pero sí que creo un par de cosas. Una, no podemos abandonar la heterosexualidad como un terreno exclusivamente conservador o apolítico, donde damos por hecho que las mujeres están alienadas o han renunciado a cualquier tipo de corresponsabilidad. Creo que también nos hemos preocupado mucho por la igualdad material.'Un nuevo contrato sexual'Editorial Ariel¿En qué aspectos?Hemos denunciado mucho la brecha salarial, el reparto de tareas domésticas e incluso la carga mental. La carga mental ya se ha popularizado como un término de política pública que hay que denunciar, pero hemos entrado menos en hablar de la brecha orgásmica y de la responsabilidad afectiva. Hemos hablado menos de ‘¿y qué ocurre cuando nos liberamos de los tabúes?’ Podemos tener sexo sin una penalización social, con más de una pareja, pero de repente en esa exploración no llegamos iguales. Entramos en Tinder y se reproduce una coreografía muy heteronormativa.En el libro pregunta “¿La liberación era esto?”Con mis amigas hemos hablado mucho de las relaciones horribles que hemos tenido y les hemos dado mucho espacio. Está muy bien hablar de 'este tipo fue violento en este sentido' o 'me pasó esto', porque tenemos un grupo feminista y autoconsciente que colectiviza las experiencias, pero nos da mucho pudor contar lo que ha ido bien.Lee también¿En que sentido?Hay una falta de palabras para hablar de experiencias que han sido placenteras e igualitarias. A lo mejor si te has comprado un juguete sexual lo cuentas, pero no hay mucho lenguaje para eso. Está, por un lado, la idealización romántica de 'se casaron, fueron felices y comieron perdices', y por otro, el desencanto heteropesimista absoluto: evidentemente no fueron felices, sino que ella cocinaba las perdices y él se iba a beber al bar.¿Dónde ha visto un punto intermedio?En los agradecimientos de los libros. Me hacen mucha gracia porque hay muchas feministas muy críticas con el patriarcado, que tú las lees y dices, 'es que vamos, no hay varón bueno'. Y luego en los agradecimientos: ‘A James, el hombre de mi vida, que siempre me apoyó y me acompañó'. 'Pepito, que se quedó cuidando a mis hijos mientras yo escribía’. A ver, ¿todas somos las más listas que hemos encontrado aquí al unicornio, o es que realmente en el día a día sí hay varones que están intentando hacer cosas nuevas?