La modernidad ha acabado con los roles de género y el modelo de pareja tradicional. Los divorcios y separaciones forman parte de la rutina, y cada vez, son más los hombres y mujeres que viven solos. La idea de pareja no está definida, las relaciones se abren, los géneros se vuelven fluidos y cambiantes, el poliamor asoma y la idea de familia se desmorona.Mientras tanto, la mujer parece haber tomado las riendas de su vida, pero lleva una importante sobrecarga entre trabajo, hogar, relaciones e hijos. Por ello, cada vez son más las mujeres, como la psicóloga polaca Pola Jankowska, que se unen a la causa contra los nuevos tiempos. En La estafa de la modernidad (Deusto), reflexiona sobre cómo mejorar las relaciones entre hombres y mujeres para encontrar el equilibrio en este laberinto del amor en el que se están convirtiendo las relaciones. Lo tradicional promete estabilidad, propósito y vínculos duraderos. Según la autora, el hogar conforta y el matrimonio es el marco que ordena al hombre y a la mujer.Volver al modelo tradicional de relaciones sin caer en la trampa de ‘tradwifes’Para las tradwifes. que cada vez tienen más seguidores en TikTok, no puede ser que el hombre ande difuminado y sin marcar el rumbo o que las promesas de libertad dejen a tantos en desconexión o soledad. Buscamos demasiado placer inmediato y vivimos en la superficialidad. Tal vez, el plan establecido no estaba tan mal. Lee también¿Por qué piensas que la modernidad ha matado las relaciones de pareja?Creo que la modernidad ha dañado mucho las relaciones porque nos está vendiendo una idea falsa de libertad y de disfrute. Se nos muestra constantemente que la felicidad está en “fluir”, en salir de fiesta, en probar cosas nuevas, en no atarse a nada. Se nos olvida algo muy básico: los seres humanos somos seres sociales, necesitamos vínculos profundos para sentirnos bien. El placer inmediato no siempre es lo mismo que el bienestar profundo. Puedes tener muchos estímulos, muchas opciones o experiencias, y aun así, sentirte vacío. La falsa percepción de opciones nos hace creer que siempre podemos encontrar algo mejor.Nos hemos acostumbrado a buscar estímulos nuevos constantemente: en las redes sociales, en las aplicaciones de citas, en la vida en general. Vivimos con la sensación de que siempre tenemos muchas opciones, pero eso es peligroso, porque se nos olvida que no todas las opciones son buenas. Además, estamos acostumbrados a tenerlo todo fácil: si algo se rompe, lo tiramos, pedimos otro y nos llega ese mismo día a casa. Y, de alguna manera, hemos trasladado esa mentalidad a las relaciones.Nos cuesta arreglar. Nos cuesta quedarnos. Nos cuesta entender que una relación también requiere esfuerzo, compromiso y paciencia. La cultura actual habla de individualismo, de independencia y de no necesitar a nadie, pero la humanidad ha sobrevivido precisamente, gracias a la cooperación y el vínculo.Si una mujer tiene hijos y desea quedarse en casa para criarlos, no debería ser tratada como si estuviera renunciando a algo menos valiosoPola JankowskaPsicóloga¿Te consideras un tradwife? ¿Qué nos hace más felices estando en el modo tradicional de antaño?No me considero una tradwife tal y como se está entendiendo ahora en redes sociales, porque creo que ese concepto, en realidad, no es tan tradicional como parece. Muchas veces se asocia con la idea de que el hombre sale a trabajar y la mujer se queda en casa sin hacer nada, pero eso es una imagen bastante moderna, vinculada en gran parte a los cambios que trajo la revolución industrial.Históricamente, hombres y mujeres trabajaban, pero lo hacían desde lugares y funciones diferentes. Ambos aportaban al hogar: la mujer podía encargarse de la casa, de los hijos, de preparar alimentos, coser, cultivar o sostener la vida cotidiana; y el hombre podía trabajar fuera, en el campo o en otras tareas físicas. No era una división entre “uno trabaja y la otra no”, sino una forma distinta de cooperación.Lo que yo defiendo, tanto en mis redes como en mi libro, no es volver al pasado ni rechazar todo lo que nos ha dado la modernidad. Al contrario, creo que debemos agradecer muchas libertades y oportunidades actuales. Por ejemplo, si una mujer tiene hijos y desea quedarse en casa para criarlos, no debería sentirse inferior ni ser tratada como si estuviera renunciando a algo menos valioso. Criar, cuidar y sostener un hogar también tiene un valor enorme.Los hombres no saben si ayudar a una mujer a levantar algo pesado, porque temen ofenderla (...) En mi cultura, eso es un gesto de respeto y cuidadoPola JankowskaPsicólogaLa portada del libro de Pola Jankowska¿El hombre actual anda perdido y difuminado, y la mujer va sobrecargada al hacer un papel de hombre que trabaja y de señora que lleva la casa y los hijos?Hombres y mujeres somos diferentes, y en esas diferencias está nuestra fortaleza, no nuestra debilidad. No se trata de decir que uno vale más que el otro, sino de entender que no estamos hechos exactamente igual. De manera natural, las mujeres solemos estar más orientadas al vínculo. Nuestro cuerpo, nuestras hormonas y nuestra psicología nos predisponen más al cuidado, a la conexión, a sostener relaciones, personas, hijos y hogares. Pero cuando rechazamos esa parte, competimos con el hombre y, además, no nos dejamos ayudar, nuestra vida no se vuelve necesariamente más libre; muchas veces se vuelve más pesada.Porque dejarse ayudar no significa ser inferior. Significa entender la complementariedad. Hombres y mujeres somos distintos también para poder complementarnos, desde el amor y no desde el control, por supuesto. Creo que muchos hombres hoy están muy confundidos. Incluso si quieren ayudar a una mujer, por ejemplo, levantando algo pesado o quitándole una carga, muchas veces no saben si hacerlo, porque temen ofenderla. Hay mujeres que interpretan esos gestos como si el hombre las estuviera tratando de débiles o inferiores.En mi cultura, en cambio, esos actos suelen verse como gestos de respeto, de cuidado y de valoración. No significan que la mujer sea menos capaz, sino que el hombre quiere proteger, acompañar y facilitarle algo. Necesitamos recuperar un equilibrio, romper la dinámica de control y regresar a esa complementariedad bonita entre hombres y mujeres.Vivimos un falso empoderamiento sexual. Se nos dice que tener muchas relaciones sexuales es sinónimo de libertad, poder y disfrute, cuando muchas veces es lo contrarioPola JankowskaPsicóloga¿Vivimos tiempos de superficialidad y falsas relaciones?Creo que sí. Vivimos un falso empoderamiento sexual. Se nos dice que tener muchas relaciones sexuales es sinónimo de libertad, poder y disfrute, cuando muchas veces, ocurre precisamente lo contrario. Para mí, la verdadera libertad consiste en reconocer que tu cuerpo y tú sois algo valioso. Que no eres para todo el mundo, no todo el mundo merece entrar en ese espacio tan íntimo y tan sagrado. Se trata de cuidar a quién le das acceso a ti, de no estar disponible para cualquiera.En muchas relaciones actuales, vamos directamente a la parte física, rápida e intensa, y nos saltamos el proceso, que en realidad, es lo más importante y lo bonito. Muchas mujeres tienen miedo de que, si no tienen relaciones sexuales pronto, él pierda el interés. Pero yo creo que muchas veces ocurre al revés: cuanto más tiempo das al proceso, más posibilidades hay de que surja algo serio.Un hombre tiene que mirar dónde pone su atención y su energía. Si se acostumbra a la novedad constante, a muchas mujeres, a muchos estímulos y a la búsqueda continua de placer inmediato, luego puede resultarle mucho más difícil comprometerse con una sola mujer y construir algo profundo. Al final, la profundidad requiere presencia, paciencia y elección.Muchos quieren estar en una relación, pero seguir haciendo lo que hacían cuando eran solteros. El compromiso implica renunciar a ese estilo de vidaPola JankowskaPsicólogaVivimos con la sensación de que siempre tenemos muchas opciones, pero eso es peligrosoAnna Belil / Diseño LVD¿Por qué nos asusta el compromiso?El compromiso implica renunciar, o al menos retrasar, ciertos estilos de vida que uno tiene cuando está soltero. Muchos quieren estar en una relación, pero al mismo tiempo seguir haciendo lo que hacían cuando eran solteros. Son como compañeros de piso, no como una pareja que construye en equipo. El compromiso también significa hacer algo por la otra persona y no pensar solo en ti mismo. Ser pareja conlleva cuidar, ceder, construir y sostener.Podemos ver vídeos virales de parejas mayores que llevan toda la vida juntas y pensar: “¡!Qué bonito”, pero olvidamos que, para llegar ahí, esas parejas tuvieron que atravesar momentos difíciles y trabajar la relación muchas veces. Una relación profunda no se construye solo con la emoción inicial. Es un trabajo constante. Hoy mucha gente busca el placer instantáneo, sin esfuerzo. A corto plazo puede parecer muy cómodo, pero a la larga, no construye algo sólido. El compromiso da miedo porque exige presencia, paciencia y responsabilidad, pero precisamente por eso, también puede dar una felicidad más profunda y duradera.¿Estamos en una cultura narcisista del culto a la imagen y el individuo?Sí, vivimos en una cultura muy centrada en la imagen, en el individuo y en la validación externa. Buscamos la validación fuera, en lugar de encontrarla dentro de nosotros mismos. Un ejemplo polémico es el tema de subir fotos muy provocativas en redes sociales, como fotos en bikini. Compartes con el mundo una parte de tu intimidad y, aunque puedas atraer atención, muchas veces atraes una atención equivocada.Lo mismo pasa con los hombres cuando publican constantemente fotos con coches, relojes o símbolos de estatus. Al final atraes aquello que usas para impresionar. Si un hombre intenta impresionar con dinero, lujo o apariencia, puede atraer a mujeres interesadas precisamente en eso. La clave está en dejar de pensar solo en “cómo me ven” y empezar a preguntarnos qué queremos construir. Qué tipo de relación queremos tener, qué tipo de pareja queremos atraer y qué tipo de vida queremos crear.A partir de ahí, la pregunta importante no es solo “qué quiero recibir”, sino “quién tengo que ser yo para atraer y sostener ese tipo de relación”. En muchas ocasiones, queremos una pareja profunda, fiel y estable, pero seguimos alimentando una imagen superficial que busca la aprobación externa y actúa desde el ego.El poliamor puede ser una forma de escapar de uno mismo (...) Son nuevas denominaciones para infidelidades consentidasPola JankowskaPsicóloga¿Qué piensas del poliamor? ¿Y de las relaciones abiertas?Son nuevas denominaciones para infidelidades consentidas. El poliamor puede ser una forma de escapar de uno mismo. Si estás constantemente abriendo la relación, cambiando de pareja o buscando nuevas experiencias fuera, no siempre te das la oportunidad de profundizar de verdad con una sola persona. Una relación profunda no solo te muestra los problemas de la pareja; también te muestra cosas de ti que quizá no querías ver.Cuando cambias constantemente de pareja o buscas estímulos nuevos todo el tiempo, te alejas de ese trabajo interior. Rellenas el vacío con distracción, con novedad, con intensidad, pero no necesariamente con profundidad. Para mí, una relación profunda requiere presencia, compromiso y valentía. Y a veces buscar fuera lo que falta dentro puede dar una sensación momentánea de libertad, pero no siempre construye una conexión más sana ni más verdadera.¿Estamos hechos para el apego y construir vínculos duraderos?Sí, al cien por cien. Como he mencionado antes, los seres humanos estamos hechos para crear vínculos. Nuestro bienestar depende, en gran parte, de la calidad de nuestras relaciones y de la capacidad de construir vínculos duraderos. De hecho, el estudio longitudinal de Harvard, uno de los estudios más largos de la historia sobre la felicidad humana, investigó durante décadas qué es lo que realmente influye en nuestro bienestar. Analizaron factores como el éxito, el trabajo, el dinero, la carrera profesional y muchas otras variables. Y lo que encontraron es que lo que más se relaciona con una vida feliz y saludable no es tanto el dinero ni el éxito externo, sino las relaciones profundas, estables y significativas. Por tanto, no estamos hechos para vivir aislados, saltando de una experiencia a otra sin profundidad. Necesitamos pertenecer, confiar, amar y sentirnos elegidos. Necesitamos vínculos seguros y duraderos.A los hombres les diría que no tengan miedo de recuperar su fuerza, su dirección, su capacidad de proteger, construir y comprometersePola JankowskaPsicóloga¿Cuáles son los mayores valores de la vida tradicional y por qué deberíamos recuperar este modelo?Los mayores valores de la vida tradicional son la lealtad, el respeto mutuo, el compromiso y el respeto a nuestras diferencias como hombres y mujeres. También debemos recuperar la caballerosidad. En mi país, gestos como abrir la puerta, ayudar a una mujer o quitarle un peso no se ven como una forma de decir que ella es inferior, sino como actos de respeto, cuidado y valoración. Eso no es tratarla como un ser débil.También deberíamos recuperar lo romántico. Cuando llegué a España, creía en ese amor casi de película, en la princesa y el príncipe, en el gesto bonito, en la ilusión. Y muchas veces me encontré con la idea de que la princesa era sumisa y el príncipe opresivo, pero el amor no tiene por qué entenderse así. Sería bueno recuperar valores como el respeto, la delicadeza, la lealtad, la modestia, el misterio y la capacidad de construir algo profundo con otra persona. Recuperar ciertos valores tradicionales no significa volver atrás, sino volver a respetarnos más. Entender que el amor no es solo emoción, deseo o placer momentáneo, sino también elección, cuidado, compromiso y construcción. Volver a ser un equipo y no rivales. ¿Qué les dirías a las mujeres de nuestro tiempo? ¿Y a los hombres?Me gustaría que hombres y mujeres pudieran entender por qué realmente merece la pena construir vínculos largos, duraderos, formar una familia y apostar por relaciones profundas. Basta ya de buscar la felicidad inmediata, rápida y fácil. Precisamos de mayor compromiso, paciencia, responsabilidad y amor. Cada uno puede elegir libremente cómo quiere vivir.A las mujeres les diría que no tienen que demostrar su valor imitando a los hombres, ni rechazando su propia naturaleza. A los hombres les diría que no tengan miedo de recuperar su fuerza, su dirección, su capacidad de proteger, construir y comprometerse. Creo que hombres y mujeres no estamos hechos para competir entre nosotros, sino para complementarnos, respetarnos y construir algo juntos.
Una mujer contra la estafa de las relaciones modernas: “La felicidad no está en fluir, sino en quedarnos”
La modernidad promete relaciones abiertas, poliamor, independencia y unas libertades que nos harán felices, pero muchas veces nos conduce al vacío; ante eso, el viejo tradicionalismo resurge como alternativa








