Morgan Freeman afirmó a los 89 años que aprender a estar quieto permite vivir mejor y cuestiona la presión de llenar cada minuto de actividad

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“Ser lento significa controlar el ritmo de tu propia vida. Tú decides a qué velocidad ir en cada situación. Si hoy quiero ir rápido, voy rápido; si mañana quiero ir despacio, voy despacio. Por lo que luchamos es por el derecho a determinar nuestro propio ritmo”. Lo escribió Carl Honoré en Elogio de la lentitud, el libro insignia del movimiento Slow, cuya premisa central es aprender a equilibrar la vida encontrando el propio ritmo en un mundo obsesionado con la inmediatez.El movimiento Slow no propone abandonar la velocidad, sino recuperar la capacidad de elegirla. A los 89 años, Morgan Freeman defiende una idea que va a contramano de la cultura contemporánea: que aprender a detenerse no es perder el tiempo, sino una forma de vivir mejor. “Hay que aprender a estar quieto y dejar que la vida suceda; esa quietud se convierte en un resplandor”, afirmó el actor, cuya reflexión cobra peso precisamente porque llega desde alguien que ha construido una carrera de décadas sin dejar de trabajar.PUBLICIDADLa frase no es un llamado a la pasividad ni a la resignación. Freeman, protagonista de Sueño de fuga y Million Dollar Baby, propone algo más específico: que no todo necesita ser controlado, resuelto o anticipado, y que existe una forma distinta de habitar el tiempo que no depende de correr detrás de cada objetivo ni de llenar cada minuto de actividad.La reflexión de Morgan Freeman planteó que la quietud no implica pasividad, sino habitar el tiempo sin controlar ni anticipar todo