Hacer. Tener. Esas son, según Alexis Racionero, las formas habituales que tenemos los humanos occidentales de estar en el mundo. En cambio, “ser”, sin más, sin largas listas de trabajo, despojado de posesiones, solo transitando su tiempo empieza constituye una rara avis que el autor nos ayuda a rescatar.En El arte de no complicarse la vida (Arpa Editores), Racionero recurre a las filosofías orientales que conoce de primera mano y establece un método didáctico, fácil y asumible para simplificar la vida. Además, el autor, que es doctor en Historia del Arte, profesor de cine, terapeuta, escritor, periodista, coach y profesor de yoga y meditación, desnuda su propia experiencia de dejar de complicarse la vida con el lector.Nos encanta complicarnos la vida porque nos han acostumbrado a ello (...) Nos han enseñado a valorar lo complicado y rebuscadoAlexis RacioneroAutor de 'El arte de no complicarse la vida'¿Por qué cree que nos complicamos tanto la vida?Nos complicamos la vida porque nos gusta. Nos han enseñado a valorar lo complicado y rebuscado. En cambio, no le damos importancia a lo simple. Es como en una película, cuanto más difícil es el objetivo del protagonista más nos enganchamos. También hay factores como la aceleración o la dispersión que nos complican porque no nos damos cuenta de nada y pasamos por la vida sin darnos cuenta de lo que queremos o lo que es más importante. Tendemos a valorar el tener y nos olvidamos del ser.¿Es un arte aprender a deshacer todos los nudos que nosotros mismos creamos?Lo es porque la tendencia es a creernos muy importantes. Desde ahí vamos avanzando en una misma línea, de manera que el nudo se va haciendo cada vez más grande. Así una situación se nos complica más de lo que debería y finalmente cuando toca desanudar o desenredar es más complicado. Un ejemplo de esto podría ser el proceso de un duelo. Si lo transitamos y nos lo dejamos sentir al principio, es mucho más simple que cuando se ha enquistado durante años porque lo hemos evitado para no padecer.El arte consiste en darse cuenta. En parar y enfocar para saber en qué lío o nudo nos estamos metiendo y aflojar cuando la cuerda no está tan tensa.Lee también¿Por qué cree que es peyorativo calificar a alguien de “muy simple”?Para mí no lo es. Al contrario, empieza a ser un elogio. Socialmente lo es porque no valoramos el vacío, el dejar de hacer o desvalorizamos a las personas que no poseen muchas cosas, muchos cargo, mucha ocupación…Algo parecido pasa con las tramas de nuestras vidas, las novelas, las películas, las obras de arte o los proyectos. Parece que si una cosa no es sofisticada y ampulosa no tiene valor. En una persona es algo parecido pero qué placer es poder conversar con alguien simple y claro o compartir la vida con ella.¿No es curioso que resulte tan complicado no complicarse la vida? ¿A qué crees que se debe?Es que nos encanta. Se debe a que nos han acostumbrado a ello. Además, viviendo en esta era del ruido y la dispersión, no sabemos discernir ni contemplar. No sabemos escoger el grano de la paja. Todo es ruido y a este le metemos todavía más carga, más pensamiento, más hacer.Precisamos del silencio para darnos cuenta y enfocarnos. Necesitamos deshacer, vaciar, soltar. Así como, aprender a dar valor a las pequeñas cosas que rodean nuestra vida, pero para todo ello es necesaria mucha disciplina. Sino sin darnos cuenta ya estamos otra vez complicándonos la vida. Nuestro ego siempre quiere ser muy importante, con lo que nos vamos complicando y enredando porque queremos tener razón y sentirnos imprescindibles. Hay que practicar la kénosis, el vaciamiento de uno mismo.El ego quiere el confort y es más fácil no renunciar a nada e ir acumulando, pero esto acaba provocando sobrecarga o que la experiencia no sea tan plenaAlexis RacioneroAutor de 'El arte de no complicarse la vida'Habla de dejar ir y al final del libro comparte cómo lo hizo usted. ¿Cómo se consigue?Para dejar ir hay que ser valiente. El ego quiere el confort y es más fácil no renunciar a nada e ir acumulando, pero esto acaba provocando sobrecarga o que la experiencia no sea tan plena. Si uno suelta da espacio a lo nuevo, si no lo que viene no tiene apenas espacio.En mi caso, como en el de muchos el proceso de dejar ir, acabó siendo una reacción en cadena porque mueves o sueltas una ficha y afecta a todo el conjunto o sistema. Una vez has empezado ya no puedes parar. En ese momento te das cuenta de que debes o debías haber puesto algo de centro, un filtro que determine lo que sueltas y lo que no. En caso contrario, puedes llegar a pasarte de frenada.¿Cómo empezamos?Podemos empezar por valorarnos más en nuestra esencia. En aquello que nosotros de verdad queremos. En la llamada de nuestra aventura en la vida, en el ikigai u objetivo que nos mueve y desde ahí utilizando una parte emocional y otra cerebral tratar de dilucidar qué es lo que queremos soltar. Una vez lo tenemos claro, precisamos pasar a la acción con determinación. No hay vuelta atrás. El camino puede ser doloroso pero la recompensa vale la pena.La meditación es la clave para no complicarse la vida, según nos cuenta en su libro. ¿Cuáles son los problemas más habituales cuando empezamos a meditar?La meditación es importante por lo que explicaba hace un momento. Si meditamos, nos enfocamos y paramos. Desde ahí podemos ver lo que queremos y lo que no precisamos. Meditando filtramos, nos enfocamos y nos volvemos menos reactivos. Reaccionando de forma acelerada tendemos a hacer mucho daño y a perjudicarnos a nosotros mismos, así que meditar por la mañana puede ayudarnos a encarar la cotidianeidad de forma más consciente y serena.Los problemas habituales pueden ser la falta de disciplina, el aburrimiento o el sentimiento de estar perdiendo el tiempo, la exigencia de poner la mente en blanco…Dejar de montarse películas es uno de los grandes beneficios de la meditación. Las cosas son como son, no como tú quieres que seanAlexis RacioneroAutor de 'El arte de no complicarse la vida'El doctor en historia del arte y escritor Alexis Racionero ¿Nos ayudará la meditación a llevar una vida más sencilla?Al principio te la puede complicar porque te hace ver cosas que pueden no gustarte y hay momentos de incomodidad, pero poco a poco el ir viendo como uno es y darse espacio para sentir o simplemente, para estar en silencio te hace la vida más sencilla.Desde la serenidad de quien medita, metes menos la pata. Te desaceleras y las cosas empiezan a valorarse por lo que son, no por la película que tú te montas. Dejar de montarse películas es uno de los grandes beneficios de la meditación. Como dice el estoicismo las cosas son como son, no como tú quieres que sean.¿Y cómo nos ponemos a meditar, si somos novatos?En mi libro Sendas de meditación (Libros de Vanguardia) explico que lo importante es que cada persona encuentre su forma de meditación. No sólo existe la exigencia de cerrar los ojos y estar en silencio. Existen muchas formas de meditación informal como lavar los platos o realizar cualquier actividad manual en atención plena.¿Qué consejos nos daría para no complicarnos la existencia en nuestra casa?Probar con una decoración más minimalista. Si sobrecargamos los espacios, como hacemos todos los que vamos acumulando, haremos lo mismo en nuestra vida.La austeridad del zen japonés nos enseña a depurar los espacios, comprendiendo que el paisaje exterior condiciona nuestro paisaje interior. El truco es este: vacía tu casa durante un fin de semana y vuelve a colocar sólo aquello que necesites de verdad.¿Y para no complicarnos la vida en el trabajo?Hacer una cosa a la vez. Una cosa detrás de la otra. Nos hemos creído ese cuento del multitasking pero no somos tan buenos en ello. Al final eso nos hace menos eficaces porque aunque resolvemos mucho a la vez, acabamos valorando más la velocidad que la calidad.También es muy bueno tener momentos de desconexión. Si dejamos de hacer durante diez minutos parece que estamos perdiendo el tiempo, pero ese tiempo de inacción provoca que cuando regresemos a la actividad seamos mucho más productivos. Saber conectar y desconectar es muy bueno en el trabajo, sino perdemos eficiencia y podemos caer en el síndrome de burnout. Yo enseño a mis clientes, a respirar y desconectar en micro pausas de cinco minutos para luego volver a la acción. Es una recarga en mitad de la producción o de la toma de importantes decisiones.Las redes y la vida virtual nos enredan las relaciones porque no ponemos atención a lo que acontece (...) Soy defensor de las relaciones presencialesAlexis RacioneroAutor de 'El arte de no complicarse la vida'¿Y con las relaciones?¡Uy! Aquí es donde fallo más y menos puedo hablar… Algo que puede ayudar es, como dice Tich Naht Hanh [monje vietnamita del budismo zen], tener claro que lo más importante siempre es la persona que tienes delante. Las redes y la vida virtual nos enredan las relaciones porque no ponemos atención a lo que acontece. Igualmente, soy defensor de las relaciones presenciales. Eso de escribirte por WhatsApp con alguien todo el día, acaba siendo un episodio de Black Mirror. Acabas proyectando cosas que no son. Es fundamental el contacto, el tacto y la mirada a los ojos, con una pareja, con los hijos, con los amigos.También pienso que es importante hablar, sin enredarse y sin discursos. Saber transmitir lo que de verdad es importante y sobre todo, escuchar más y dar espacio para la empatía. Comprender al otro y dejar de ser siempre el centro de atención.El culpable de buena parte de nuestras complicaciones, tal y como usted destaca, es el ego que quiere tener la razón, que evita los cambios. ¿Qué podemos hacer para trascenderlo?Bueno se trata de trascenderlo o educarlo diciéndole que de vez en cuando se quite del medio porque si no, no podemos ver. Algo que nos ayuda es querernos y potenciar nuestra autoestima desde otros personajes que habitan en nosotros y a los que no damos tanta importancia. Aunque nos cueste hay que abrazar a nuestra sombra, todo aquello que no queremos ver o que no nos gusta de nosotros porque sin saberlo trae un regalo para nosotros. Cosas que están en nosotros pero que el ego ha ido tapando. No es fácil, pero hay que repetirse ese mantra de que no somos tan importantes.Habla del silencio. ¿Cuál es su poder?El silencio te da la pausa y la comprensión. Tiene el poder de hacernos sentir y ver aquello que en el ruido y la aceleración no percibimos. No siempre lo que aparezca va a ser bueno o sencillo de digerir, pero es algo que está en nosotros y que es bueno conocer. En el momento en el que uno deja de hablar y hacer ruido, empieza a escuchar y comprender al otro. Sino siempre es nuestro rollo, nuestro monólogo interior, nuestro ego.En el libro propone pasar 24 horas sin pantallas de ningún tipo. ¿Cómo nos sentiremos después de hacerlo?Más descansados. Más conectados con nuestra realidad. Más conscientes de lo que tenemos delante. Más en nuestro centro, con mayor foco y menor dispersión.Igual nos sentimos hasta huérfanos y pasamos por un síndrome de abstinencia pero es bueno desengancharse y demostrarse la capacidad de hacerlo, la disciplina y la voluntad de enfocarse desde otro lugar más presencial.
Alexis Racionero: “Si meditas, metes menos la pata”
El escritor, colaborador de 'La Vanguardia' y profesor de yoga y meditación publica 'El arte de no complicarse la vida', un manual didáctico, fácil y asumible para alejarse del ruido y la dispersión de la sociedad actual










