El escritor y filósofo alemán Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) dijo que pensar es fácil y actuar es difícil, pero que “poner los pensamientos de uno mismo en acción es lo más difícil del mundo”. Vivimos tiempos acelerados, competitivos, polarizados y consumistas, en los que las pausas para la reflexión y el análisis crítico son cada vez más escasas, y la filosofía parece ir a la zaga de la automatización, la voracidad de los mercados, la crispación política y la necesidad de actualización constante. Frente a la velocidad y la presión por la eficiencia, ha adquirido fuerza el concepto de empresa humanista, aquella dispuesta, en teoría, a poner el cuidado y la responsabilidad ―ambiental, social, económica― en el centro.

Pero, ¿moral y competitividad pueden ir de la mano? ¿Son tiempos demasiado frenéticos para el pensamiento? ¿Y para la ética? ¿Cómo afecta la polarización social al desarrollo filosófico? ¿Se puede acabar con el ruido político? ¿Qué hacer cuando los valores de la empresa chocan con la necesidad de rentabilidad? ¿Para qué trabajamos? Estas son algunas de las reflexiones que se plantean en el cuarto desayuno del Proyecto Tendencias, moderado por Ricardo de Querol, director de Cinco Días y subdirector de información económica de EL PAÍS, y que reúne a Federico Linares, presidente de la consultora EY, la actriz española Adriana Ugarte y Rafael Narbona, escritor, profesor de filosofía y crítico literario.