Victoria en el Azteca, tormenta breve y desmadre festivo sin altercados graves. La secuencia deseada para el día de la inauguración del Mundial y por la que tanto empeño había puesto el Gobierno, con los focos del mundo entero puestos sobre México. La visibilidad que da el evento deportivo está siendo un imán para un torrente de causas que buscan aprovechar el momento con marchas y bloqueos en la, ya de por sí, caótica capital. Solo para este jueves, el día de la inauguración, estaban convocadas hasta 20 protestas, todas con el objetivo de llegar al estadio y hacer ruido. Desde colectivos de madres de desaparecidos, al sindicato de maestros que batalla por mejorar sus pensiones y hasta satélites de la oposición a Morena. Un crisol de demandas y dolores que encarnan el complejo mapa de tensiones del país. Los maestros, con una larga experiencia en apretar duro al Gobierno, amenazaron un día antes con que no iba “a rodar el balón” tras la enésima negociación in extremis sin apenas resultados. Finalmente, el balón sí que rodó en la inauguración, pero aún queda por delante más de un mes con partidos en las tres sedes mexicanas. La presidenta Claudia Sheinbaum se ha prodigado estos días en transmitir un mensaje de serenidad y control. La organización de este Mundial es insólita y está plagada de aristas con potencial inflamable. Por primera vez tiene tres anfitriones: México, Estados Unidos y Canadá. Los tres vecinos norteamericanos atraviesan un momento delicado por las presiones a múltiples bandas de la Administración Trump. El reflejo de unos tiempos extraños ha sido otra foto inédita en la historia mundialista. Ningún jefe de Estado de los países anfitriones se presentó en el palco durante el partido de la inauguración. En este contexto, cada gesto está cargado de intención. Sheinbaum había recibido su invitación de la FIFA en diciembre, pero en una jugada simbólica decidió cederla a una joven indígena del norte de Veracruz. Sheinbaum estuvo durante los últimos días jugando al despiste sobre dónde vería el encuentro. En principio, iba a ser en el Zócalo, el corazón de la capital. Pero ante la acampada de los maestros rebeldes alrededor de la plaza, deslizó después que quizá lo vería dentro de Palacio Nacional. Finalmente, ha sido en un humilde deportivo público de la colonia Gustavo A. Madero, acompañada por la alcaldesa, Clara Brugada, y lejos del centro y del estadio, los dos epicentros de las protestas. El Zócalo, donde además de las lonas de los maestros, la FIFA ha montado una carpa con televisores gigantes y aforo para 50.000 personas, es una de las zonas más sensibles. Un día antes del arranque del Mundial, la carpa de la FIFA amaneció blindada con muros de metal y un perímetro de varias cuadras a la redonda. La veintena de protestas convocadas para llegar al estadio, al sur de la ciudad, también fueron contenidas por un dispositivo policial que puso el dique a unos tres kilómetros de la sede deportiva. Salvo algún encontronazo, con rotura de vallas y cargas policiales, el saldo ha sido mayoritariamente blanco. La estrategia de seguridad mexicana, con un despliegue entre policía, militares y Guardia Nacional de casi 100.000 efectivos por las tres sedes (Guadalajara, Monterrey y la capital), cuenta además con un dispositivo especial de la Fiscalía General de la República. La fiscal, Ernestina Godoy, anunció esta semana en un mensaje en redes que su personal estará muy atento, además de a las tres sedes, a aeropuertos y destinos turísticos como Cancún, Acapulco o Los Cabos. La FGR ha habilitado un sistema en línea para facilitar las denuncias. Los delitos mencionados por la fiscal durante su anuncio dan la medida de las grietas en seguridad y las preocupaciones de las autoridades: narcotráfico, delincuencia organizada, lavado de dinero, trata de personas, contrabando o posesión de armas. Más allá de los agujeros casi estructurales del país, la piedra en el zapato sigue siendo la combativa escisión del sindicato de maestros que se mantiene en pie de guerra. Durante las negociaciones, en las que el secretario de Educación, Mario Delgado, es el máximo señalado por no desactivar a tiempo una bomba que era más que predecible, el Gobierno ha aflojado con algunas concesiones. Pero el nudo del conflicto sigue siendo su demanda de echar para atrás su sistema privado de pensiones. Tras la última mesa frustrada, a horas de iniciarse el Mundial, la presidenta escaló la estrategia. Por un lado, anunció que el Gobierno se saltará a las cúpulas del sindicato y buscará hablar directamente con las bases magisteriales, con los maestros de a pie. Y en el plan más político, pasó al terreno de las campañas orquestadas, una línea que ya ha acelerado en las últimas semanas. Sobre todo en su complicada relación con Estados Unidos, a quien acusa de intervenir con fines políticos de cara a las elecciones del año que viene. En su conferencia mañanera de este mismo jueves, la presidenta apuntó, sobre las protestas, que “más bien es un interés político el que los mueve. Tratan de afectar la Copa del Mundo o la imagen de nuestro país a nivel internacional”. Ajena a todo el ruido político, la fiesta se desató en las calles tras la victoria de la selección frente a Sudáfrica. Las clásicas tormentas de verano (otra de las preocupaciones de cara a los partidos) dieron un respiro poco después del encuentro y riadas de gente tomaron la avenida principal de la capital, el Paseo de la Reforma, evitando los charcos oceánicos.
El balón rueda en México y da pie a una gran fiesta
El dispositivo de seguridad y contención del Gobierno despeja males mayores por las protestas ante los focos del mundo entero










