A menos de un día del inicio del partido inaugural de la Copa del Mundo, el Gobierno de México y el de la capital tienen aún un conflicto que no han podido apagar con el reloj corriendo en su contra. Como si se tratara de una fortaleza, el Zócalo de Ciudad de México está cerrado con muros de metal al menos a dos cuadras a la redonda. La razón: contener la protesta y el paro nacional indefinido de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), instalado en los alrededores desde el pasado 1 de junio. Lo complejo ahora es que este 11 de junio se prevé la inauguración del FIFA Fan Festival, un espacio de encuentro para aficionados con una pantalla gigante en la plaza mayor y corazón histórico, político y cultural del país, donde se espera que lleguen más de 50.000 aficionados para ver la patada inicial de la Copa del Mundo. Efectivos policiales y vallas de seguridad resguardan un perímetro aproximado de más de tres kilómetros y aún está en el aire si este espacio quedará libre para su circulación y asistencia. En la esquina de la calle de Venustiano Carranza y 20 de noviembre, en el cruce que une dos grandes tiendas departamentales como Liverpool y el Palacio de Hierro, una valla de seguridad atraviesa toda la vía e impide el paso de los transeúntes. Un pequeño pasillo a uno de los costados sirve como acceso para personas a pie, con algún tipo de discapacidad, llevando un diablito de carga, sobre motos o scooters. Todos buscan un acceso por la misma fila, mientras un empleado de Gobierno con un megáfono trata de organizarlos para que circulen. A la mitad del muro de contención, algunos curiosos se detienen para tratar de ver a través de un orificio que sostiene, con una cadena y un candado, a dos puertas de acceso para movilidades de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de Ciudad de México. Lo primero que resalta a lo lejos, viendo por ese agujero, es una gran y colorida estructura con una pantalla de aproximadamente 30 metros de largo por 15,5 metros de alto con la bandera de México proyectada en ella. Ese punto es uno de los pocos accesos autorizados al Zócalo capitalino. El otro se halla en la intersección entre la calle Simón Bolívar y la de Francisco Madero. Esta última es una de las vías peatonales más antiguas de la ciudad y que desemboca en la plaza mayor. Tres cuartas partes de su extensión están abarcadas por las carpas de campaña de los manifestantes de la CNTE y puestos de comercio informal, que comercializan desde recuerdos turísticos hasta memorabilia del Mundial.Los campamentos de la CNTE se cortan cuando inicia el muro de metal, que permanece resguardado por al menos 30 granaderos que se protegen detrás de estas vallas de seguridad. Muchos de los restaurantes, negocios de joyas y tiendas de ropa, entre otros, se han visto obligados a colgar letreros para informar a sus clientes que siguen abiertos a pesar del cierre y contención de vías. “Sí tenemos servicio en el Bisquets”, dice la leyenda de un letrero color amarillo fucsia, con la tinta un poco descolorida debido a las lluvias que han afectado a la capital en los últimos días.Del otro lado del muro, a casi 500 metros de distancia, se erige otra valla de seguridad que evita el acceso de los que lograron cruzar hacia el Zócalo capitalino. Lo poco que permiten ver los muros que bordean el Fan Fest es a trabajadores que continúan con labores de último minuto en el armado de una estructura metálica que parece pensada para sostener equipos de sonido. Curiosos y turistas le toman fotos a la infraestructura para la pantalla gigante que está instalada frente a la Catedral Metropolitana.El sindicato de docentes ha mantenido el pulso intermitente con el Gobierno federal prácticamente desde la llegada de Claudia Sheinbaum al poder, hace ya un año y medio. La semana pasada retomaron las protestas para pedir reformas como un aumento salarial del 100% o la eliminación de la Ley del ISSSTE de 2007 para volver a un sistema de pensiones solidario. Son algunas de las exigencias que llevaron a la CNTE a montar un primer plantón hace un año y medio. Por el camino han puesto sobre la mesa una nueva petición, la de reunirse con Sheinbaum, sin intermediarios de por medio, ya que, defienden, fue ella “la que dijo que estaría abrogando la ley del ISSSTE” durante su campaña. La inauguración del Mundial, que se celebrará en el Estadio Azteca el próximo jueves, ha sido el evento que ha añadido tensión a la disputa.“El Zócalo está cerrado”, “el acceso al metro es por Pino Suárez”, “no hay paso”, “solo locatarios”, “solamente salida, no hay entrada” son los mensajes que la policía y funcionarios de Gobierno repiten hasta el cansancio, mientras el ruido del redoble de botas de decenas de elementos de la SSC y las sirenas de sus vehículos irrumpían entre el barullo.En medio del ruido, Román Garduño, de 65 años, ve pasar a la gente. Desde que sitiaron el Zócalo, este bolero, que solía recibir unos tres clientes al día en su puesto de lustrar zapatos, se queja por la falta de movimiento y de trabajo que le ha venido afectando desde la pasada semana. Lleva más de 50 años frente al Zócalo y afirma que este mes será complicado llegar a fin de mes.Algunos viajeros llegan con sus maletas y se ven desconcertados por este escenario, desorganizado y con alto control policial, que parece sacado de una película distópica. Sin embargo, la pregunta del millón que muchos trasladan a los elementos que cuidan los accesos es: ¿Estará abierto el jueves? Unos funcionarios dicen que no saben, otros afirman que todavía no les han pasado la información. “No nos han dicho el horario, pero parece que sí. Estamos aguardando la confirmación”, dice un policía de la SSC a una mujer de la tercera edad desorientada. Mientras, en las inmediaciones del Estadio Azteca, donde México y Sudáfrica jugarán el partido inaugural, el secretario de Gobierno de la Ciudad de México, César Cravioto, ha asegurado este martes que este recinto deportivo “ya es una instalación de seguridad nacional”. La decisión del ejecutivo capitalino supone el refuerzo en el control de accesos y una mayor protección de las autoridades frente a las protestas que los maestros de la CNTE y el resto de colectivos han iniciado para presionar al Gobierno de México. “Tendrán que comprender que en menos de 48 horas se va a inaugurar el Mundial aquí, en el estadio, y ya lo tenemos que resguardar”, ha expuesto la autoridad en una intervención en Radio Fórmula.En otro acceso cerrado hacia el Zócalo, dos hombres, con acento norteño, fisgonean entre las hendiduras para tratar de alcanzar a ver la pantalla gigante del Fan Fest. “Compare [compadre], cómo cree... ¿Abren el jueves?”, le pregunta uno al otro sonriente. Es la duda que permanece en el aire a un día para el inicio del Mundial.