Más que un paseo marítimo es un paseíto frente al mar. Surge como de la nada tras callejear por Las Negras, minúscula localidad en pleno parque natural de Cabo de Gata, en Almería. Allí hay un pequeño murito cubierto de madera para sentarse a respirar el Mediterráneo, que amasa lento una playa de rocas. Al fondo se levanta un cerro negro, imponente promontorio oscuro por la tierra volcánica. Y en esa paz de rumor de olas emerge, ondeando al frecuente viento, una bandera de Japón. Ese círculo rojo sobre blanco es también el símbolo que identifica a La Polacra, restaurante camino de cumplir su primer aniversario cuya fachada encalada tiene una gran lámpara circular y roja cerca del mástil. Un lugar que se aprovecha de la belleza del paisaje y lo celebra con cócteles, vinos naturales y una cocina informal con protagonismo de las brasas. La música, pinchada en vinilos, hace el resto. “La gente no nos deja cerrar por las noches, no hay manera”, dice feliz Leandro Moschner Albacete, quien llegó a decir dos veces que no a este proyecto, que le persiguió durante más de dos años. Él se resistía, quiso escapar, pero le atrapó. Nacido en Colonia (Alemania) y estudiante de Humanidades en Madrid, estuvo un año en la embajada española en Roma de prácticas y trabajó en un catering con el que recorrió el mundo dos temporadas en la caravana de la Fórmula 1. Viajó al pueblo de su familia para el confinamiento, quiso pasar un tiempo en él y acabó quedándose a vivir allí, en Rodalquilar. Iba para diplomático, pero se hizo hostelero por pasión y herencia familiar. En octubre de 2020 abrió Samambar, la gran referencia gastronómica de Rodalquilar y alrededores desde entonces. En 2023 el propietario de una casa en primera línea de playa en Las Negras se la ofreció para abrir allí un segundo negocio. “Dije rápidamente que no. Bastante lío tenía ya. Me dio susto y miedo”, recuerda. Su hermano le aconsejó que se lo pensara y, juntos, aceptaron aquella propuesta. Tardaron casi dos años en conseguir licencia y su familiar, cansado, quiso abandonar el barco. Él también. Hasta que apareció en escena el argentino Gonzalo Méndez, de 44 años. “La primera vez que visité Cabo de Gata me llevaron directamente a Samambar”, recuerda Méndez, socio de la coctelería José Alfredo, en Madrid. Los dos protagonistas se conocieron y durante un tiempo se visitaron en sus locales. La Nochevieja de 2024 cambió todo. “Andaba buscando un local para abrir algo por la zona. Se lo comenté a Leandro y me dijo: tengo un proyecto y una licencia, pero es mucho lío para mí. ¿Lo quieres tú?”, explica. Moschner le enseñó el lugar dos días más tarde y le dio las llaves para que se lo pensara durante una semana. “El sitio, la gente, el ambiente… Era increíble. En marzo le dije que sí, pero con la única condición de que lo hiciéramos juntos”, añade. Sorprendido, su ahora socio aceptó. A la tercera fue la vencida, dijo sí. Todo fue rápido entonces. En mayo reformaron aquella casa: tiraron paredes, dejaron el espacio diáfano, pusieron una barra y mantuvieron el exterior exactamente como estaba. En julio un argentino y un alemán plantaban la bandera de Japón frente a la playa de Las Negras. La Polacra se hacía realidad. Y completaba un paseo marítimo donde la alegría y las cervezas las ponen desde siempre La Bodeguiya y La Galería del Mar. La cocina de ‘Macaxeira’ Los argumentos sobran para que disfrutar sea fácil aquí. Lo complicado parece encontrar sitio, pero en realidad no lo es tanto: el dinamismo se traduce en un amplio número de comensales que van y vienen, dejando alguna de las 12 mesas exteriores (también hay aforo para 16 personas dentro) libres. El ambiente es singular y apetecible a cualquier hora: desde el aperitivo a la madrugada, siempre con la colección de vinilos de Méndez poniendo la nota musical y el salitre merodeando en el ambiente. “He tenido cuatro bares y sabes que las cosas van bien cuando los clientes vienen solos a verte o coincidir con otros. Y aquí ocurre casi desde el principio. Estamos encantados”, sentencia el hostelero. “Lo más especial es su ubicación, es inmejorable”, añade Méndez, que anda todo el rato de aquí para allá en el local, bautizado como una exquisita cala a la que solo se puede llegar a pie o por mar bajo el faro ubicado en la Punta de La Polacra. Su filosofía estuvo clara desde el principio. A un lado, una cocina bajo el principio de unas brasas yakitori, es decir, pinchos asados con leña de eucalipto. Carne, verduras y, sobre todo, pescado salvaje del Cabo de Gata que les surte el pescadero Antonio Piedra desde Campohermoso. Al otro, la adaptación a la idiosincrasia local, la flexibilidad de sus habitantes y la tranquilidad de los turistas. “Aquí puedes venir a tomar un pinchito, beber una caña o una botella de vino, comer, tomarte un cóctel, cenar una hamburguesa. Lo que quieras. Hay total libertad y esa es la clave”, destaca Moschner. La cocina está abierta todo el día a todas horas. Sobre la fachada —donde brilla siempre la lámpara de luz roja como un atardecer eterno, igual a la que hay en Samambar, igual que la bandera de Japón que ondea un poco más arriba— hay una pizarra con las brasas del día. Lo mismo anuncia un pinchito moruno que de rape, jibia o salmonete, según el mercado. Hay choripán (5 euros), entraña (8 euros) y una hamburguesa (15 euros) que es la estrella de la casa. La propuesta gastronómica sigue con una sencilla carta que arranca con una focaccia (4 euros) y continúa con una gilda (3 euros), un pincho de salazón (4 euros), una ensaladilla de gamba roja (16 euros) o picanha curada (18 euros). Todo picoteo sin excesivas pretensiones ni maquillaje, pero sí buen producto. La brasileña María Eduarda, a la que llaman Macaxeira, dirige una pequeña cocina con vistas al mar. De sus manos nacen también los salgadinhos, comida callejera típica de Brasil parecida a la croqueta pero rellena de pollo y queso, sin bechamel. El flan de hoja de higuera (6 euros) pone el toque dulce, como la tarta de queso payoyo (8 euros). El plan lo completan los vinos procedentes de la península ibérica, muchos de pequeñas bodegas o de elaboración natural. Hay nombres como los de Dídacus (Almería) y Rapagón, burbujas que Samuel Párraga elabora en Málaga, o incluso un Sumoll de uva macabeo vendimiada en Tarragona. La mayoría son jóvenes, frescos, que invitaran a disfrutar del ritmo del mar. Una docena de cócteles pone la guinda, entre ellos el llamado La Polacra (12 euros) a base de mezcal, licor de chipotle, lima y jengibre perfecto para maridar con el momento más mágico de cada mes: la luna llena. La PolacraDirección: Pescador, 7. Las Negras, Níjar.Horario: A diario (o casi) desde las 13.00 horas hasta la 1.00 de la madrugada.Precio medio: 20-25 euros por persona.