Oviedo (EFE).- Las redes sociales y la obsesión por la estética están llevando cada vez más a los jóvenes a desarrollar conductas de riesgo como normalizar el uso de anabolizantes y dietas hiperproteicas, a la par que están disparando nuevos trastornos de conducta alimentarios (TCA) «silenciosos» en este colectivo.Son algunos de los mensajes que los expertos en Salud Mental y Medicina Deportiva de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), Antonio Torres y Rodrigo Santos, han trasladado en su 32.º Congreso Nacional, que se celebra hasta el sábado en Oviedo.Por un lado, el doctor Torres se ha centrado en los denominados TCA «silenciosos», menos visibles y específicos que los más conocidos, la anorexia y bulimia nerviosas, pero de los que las redes sociales, la cultura ‘fitness’ y la obsesión estética están haciendo «verdaderos catalizadores» entre la población más joven y, sobre todo, en chicos, a diferencia de los dos TCA clásicos, que afectan más a las chicas.Su avance es tal que su prevalencia roza ya el 6,5 %, lo que supone más del doble que la suma de la de la anorexia nerviosa y la bulimia juntas.
Casos en menores de 12 años
«Están apareciendo toda una serie de alteraciones de la relación del individuo con el alimento y con la nutrición», detrás de lo cual «hay un trasfondo biológico, genético, hormonal, un eje cerebro-metabólico» que es «altamente difícil de tratar», porque se añade además un componente psicosocial, ha precisado Torres.Otra diferencia con la anorexia y bulimia, en los que el problema deriva de la cantidad de comida, es que estos, más inespecíficos, se caracterizan por un control extremo sobre la calidad de los alimentos, las calorías o el ejercicio físico, que acaba derivando «en una disminución de la ingesta», lo que provoca enfermedades graves y en última instancia «la muerte».La ortorexia u obsesión patológica por la comida sana; la permarexia o estar de forma permanente a dieta, o los trastornos por evitación/restricción de la ingesta (ARFID) o por atracón, como pueden ser la drunkorexia (evitar comer entre semana para compensar el aporte calórico del alcohol los fines de semana) y la vigorexia, el afán por ganar masa muscular, son los que más preocupan a los médicos de familia.Y lo peor es que, si antes de la pandemia los casos se focalizaban principalmente en adolescentes de 12 a 18 años, ahora la franja se mueve de los 6 a los 24.Como «el peso ya no es el problema», estos TCA pasan desapercibidos, porque no dan pistas, como las imágenes impactantes que pueden dejar una anorexia nerviosa avanzada; por eso lo importante es que los especialistas estén atentos a posibles alteraciones cardiovasculares, neurológicas o gástricas, así como la relación del paciente con la comida y su imagen corporal.









