La sobreexposición de los jóvenes a las redes aumenta su insatisfacción corporal, la sintomatología ansioso-depresiva y disminuye la autoestima, dejándola en manos de un algoritmo

Los niños y adolescentes pasan buena parte del día con el móvil en la mano, deslizando una imagen tras otra. En sus pantallas se encadenan publicaciones de cuerpos trabajados en el gimnasio, rutinas de cuidado de la piel, platos saludables y estilismos que apenas se repiten en dos fotos seguidas. La vida cotidiana se convierte en escaparate: se enseña, se mide, se compara y se compite, pero… ¿Qué efecto tiene esa exhibición? ¿Dónde se cruza la línea entre jugar con filtros y vivir pendientes de gustar? ¿Cómo influye en su relación con su propio cuerpo?

Según el informe Infancia, adolescencia y bienestar digital, publicado en noviembre de 2025 por UNICEF España junto a la Universidad de Santiago de Compostela, más del 90% del alumnado está presente en, al menos, una red social y casi un 6% realiza un uso problemático de estas plataformas, asociado a un peor bienestar psicológico y a más malestar emocional. El estudio advierte que las redes sociales también pueden ser un riesgo para la privacidad, la autoimagen y la presión social. El uso problemático de estas plataformas “se asocia con un mayor malestar emocional, una peor calidad de vida e incluso un mayor riesgo suicida”, asegura el documento, y puede repercutir en una construcción equilibrada de la identidad personal.