Actualizado Jueves,
junio
14:02Arguinegu�n (Gran Canaria) ha recibido a Le�n XIV con felicidad. Ni�os de corta edad jugando a la entrada en un espacio habilitado, migrantes del continente africano y Am�rica Latina y voluntarios de todas las edades... Esos son algunos de los rostros del reba�o al que hoy se ha dirigido el Santo Padre. Desde un peque�o escenario sobrio y con el mar Atl�ntico a sus espaldas y con una cruz de madera de cayucos enfrente, Le�n XIV ha apelado a la humanidad, a mirar al pr�jimo, porque "los d�scipulos de Jes�s no pueden considerar ajeno el clamor de los que gritan en la noche". El Papa ha incidido, ante la mirada de la ministra de Migraciones, Elma Saiz, el presidente del Gobierno, Pedro S�nchez, el lehendakari Imanol Pradales y los ministros �ngel V�ctor Torres y F�lix Bola�os, junto al presidente de Canarias, Fernando Clavijo, en "que la Historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en el paisaje habitual de nuestras costas".Para saber m�sSu visita a las Islas Canarias llega en un momento clave para Europa. Ma�ana entrar� en vigor el pacto europeo de asilo, lo que provoca el fin del acceso a Espa�a de las personas migrantes venezolanas por la v�a de asilo. Este archipi�lago es una de las comunidades aut�nomas con mayores v�nculos con Venezuela. Aunque Espa�a ha impulsado una regularizaci�n expr�s en las �ltimas semanas, muchas personas contin�an de manera irregular en territorio nacional y esta situaci�n se complica en aquellos territorios donde Vox gana espacio pol�tico y su idea de "prioridad nacional" gana m�s adeptos.Flores en el puerto depositadas en el mar en homenaje a los fallecidos.Junto a ese mismo oc�ano, que ha terminado por convertirse en un abismo funerario para muchos, su Santidad ha apelado a la figura de aquel pescador al que Jes�s le confiri� la labor de edificar su Iglesia: San Pedro. "Como pueden ver, llevo en mi mano el anillo del Pescador. Su nombre mismo nos conduce al lago de Galilea, donde Cristo llam� a Pedro y le dijo: 'Desde ahora ser�s pescador de hombres' (Lc 5,10). La Iglesia ha le�do ese vers�culo como imagen de su misi�n. Pero aqu� y en lugares como El Hierro, ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa", ha indicado. Siendo �l el sucesor de ese primer Papa Pedro, no puede "desentenderse de estos muelles".Y es que el mar, como ha dicho el Sumo Pont�fice, desde tiempos b�blicos ha sido lugar de "oscuridad, amenaza y caos", con su Leviat�n devorador y su Rahab -"la soberbia de los poderes"- hoy transformado seg�n Le�n XIV en " monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperaci�n, tratantes que esclavizan mujeres y ni�os y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotaci�n o por el olvido".Mariam Keita, de Guinea Conakry, lleg� embarazada en cayuco en septiembre a El Hierro, junto a su hijo Ian, nacido ya en Espa�a."Quiero decirles que su vida debe ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella", apel� a los migrantes, " no les crean a quienes prometen para�sos f�ciles a cambio de su cuerpo, de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son cantos de sirenas, son industrias de muerte".El Papa bendice la cruz de madera hecha de restos de cayucos en Arguinegu�n.La migraci�n sabe Le�n XIV no es �nicamente un problema de fronteras, sino una hecho que ha de "convertirse en examen de conciencia". Primero, para las naciones de origen, "que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tr�nsito, llamadas a proteger y no a dejar a los d�biles en manos de redes criminales". Tambien para Europa, "que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterr�neo y el Atl�ntico sean cementerios sin l�pidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperaci�n eficaz y perseverante"."La dignidad humana exige v�as legales y seguras, rescate y asistencia, cooperaci�n real contra los traficantes", ha dicho, "no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera".Pero la advertencia m�s inc�moda estuvo dirigida a la propia Iglesia, a la que Le�n XIV record� que toda fe corre el riesgo de convertirse en mera costumbre cuando es capaz de reconocer a Cristo en el altar y "pasar de largo ante los cayucos y las pateras". "Cada barca que llega no trae s�lo migrantes; trae consigo una pregunta: �qu� mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?", ha apostillado.











