El caos geopolítico y la convicción de que Europa necesita más independencia de otros países, especialmente en materia de pagos, ha impulsado una revolución en la gran banca europea. En los últimos meses ha emprendido una carrera que, hace tan solo un par de años, era impensable: 22 de los 29 principales bancos europeos trabajan para desarrollar stablecoins ligadas al euro, un mercado inexplorado respecto a los activos en dólares, que dominan el ecosistema con mano de hierro: su cuota alcanza el 98%. El Viejo Continente busca competir con Estados Unidos con un ojo puesto en una revolución aún más profunda de las finanzas, que pasa por mudar su operativa a la blockchain. Aunque en su mayoría las entidades han unido fuerzas para evitar una excesiva fragmentación de soluciones, existen varias alternativas impulsadas por consorcios de bancos europeos, internacionales, así como proyectos de una sola firma. Société Générale fue pionera en el desarrollo de una stablecoin en euro, la EUR CoinVertible (EURCV), que lanzó en abril de 2023. No obstante, no ha tenido mucha tracción: su capitalización se limita a 118 millones de euros, frente a los 390 millones de la moneda estable ligada al euro de Circle y a los 161.000 millones de Tether, la mayor stablecoin en circulación. Cuando se emitió, el mercado todavía era visto con cierta reticencia por parte de las entidades financieras que, sin un marco legislativo claro que lo regulara, no se atrevían a ofrecer estos activos. Pero los tiempos han cambiado y las criptos se han vuelto mainstream. En este cambio de paradigma, las stablecoins han ganado peso por su estabilidad (aunque a veces pueden fallar) y por su potencial de eficientar los sistemas de pago a gran escala. Así, a la iniciativa del banco francés se ha sumado otra: el pasado octubre el grupo financiero francés Oddo emprendió su camino en solitario y anunció el lanzamiento de la stablecoin EUROD, ligada al euro. Otras entidades, en cambio, han unido fuerzas en el consorcio Qivalis, quizás el proyecto más importante en este momento en el Viejo Continente, que reúne ya a 37 bancos, con un peso significativo de los españoles, los más numerosos, y que pretende lanzar su stablecoin en la segunda mitad de 2026. Paralelamente, varias firmas internacionales, incluido el Santander, se han unido en otra iniciativa para emitir una moneda estable enfocada en las principales divisas del G7. Bancomat, la red interbancaria italiana, está trabajando en otra solución más: EUR.BANK, que involucra a nueve entidades financieras italianas, y que busca emitir una moneda estable en euros y construir un ecosistema interoperable, institucional e integrado con el sistema bancario. “Este proyecto no aumenta la fragmentación, sino que actúa como un acelerador de la adopción de stablecoins en euros, abriendo también el camino a otros emisores que pueden apoyarse en el sistema para emitir instrumentos interoperables y conformes a estándares comunes", apuntan fuentes de la empresa. Algunos bancos trabajan incluso a doble velocidad y en más de un proyecto a la vez. Entidades italianas como Intesa, Banca Sella, BPER y Unicredit participan en el consorcio de Qivalis pero también en el desarrollo de la stablecoin made in Italy impulsada por Bancomat. BNP Paribas participa tanto en el consorcio europeo como en la iniciativa internacional de la mano del Santander y de otras entidades como Goldman Sachs o Bank of America. El creciente interés de la banca por las stablecoins obedece a su uso mayorista, en los pagos transfronterizos, en las operaciones entre entidades y en la liquidación de grandes operaciones en la blockchain, por las cuales todavía no hay una solución europea y donde todavía hay fricciones. Las stablecoins ligadas al dólar, activos emitidos por empresas privadas como Tether o Circle, han copado un mercado que ha crecido el 150% en un año, y por tanto son las únicas con suficiente liquidez para estas operaciones. “A medida que los servicios financieros en Europa empiezan a trasladarse a la blockchain, si no hay euros con suficiente liquidez para usarse a escala, los bancos tienen que utilizar dólares emitidos por empresas privadas en EE UU. Y en el entorno geopolítico actual no es una opción", decía Jan-Oliver Sell, CEO de Qivalis, en una entrevista reciente con este periódico. Las stablecoins no son la única solución sobre la mesa. El Banco Central Europeo avanza en sus proyectos Pontes y Appia, que aspiran a crear un sistema de pagos y transacciones mayoristas tokenizado. La máxima autoridad financiera pondrá a disposición del sector ya a partir de la segunda parte de este año la posibilidad de liquidar operaciones en las infraestructuras de tecnología distribuida con euros tokenizados. Aunque en sus planes para renovar la fontanería financiera europea el BCE ha dado paso a las stablecoins en euros, reconociendo su capacidad como activo de liquidación alternativo a los depósitos y a los euros tokenizados, y su potencial en los pagos transfronterizos, ha alertado al mercado de que estos activos conllevan riesgos, especialmente para la estabilidad financiera de la región y la política monetaria. Recientemente, Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, dijo que la mejor respuesta a las stablecoins es garantizar que el dinero público siga siendo el ancla del sistema.