El recuerdo de su madre haciendo manualidades está grabado en la mente de Anna Béjar. Cuando tuvo la edad suficiente quiso darle visibilidad a la parte más artística de su progenitora, María Dolores Castiñeira. Primero le pidió que hiciese un bolso de croché para llevar a una boda: “La socia”, como llama a su madre, lo hizo, pese a que el ganchillo no era su fuerte. Fue algo así como un primer control de mercado, porque en la ceremonia muchas personas le preguntaron de dónde lo había sacado. Béjar creyó en las posibilidades de llevar su idea más lejos y en abril de 2023 decidió lanzar la marca Madremia para comercializar complementos elaborados en ganchillo. Dos modelos de bolsos hechos de croché fueron el punto de partida, que bautizó con los nombres de Dolores y Rocío, “en honor a las vírgenes del mismo nombre”, cuenta Béjar. La colección se fue ampliando y ahora el catálogo incluye pulseras, peinetas o brazaletes con los chales y los bolsos como las prendas estrella. Sus diseños propios y de producción limitada se elaboran de forma artesanal, para lo que cuenta con siete personas que tejen mano a mano junto a Béjar, que abandonó su puesto de consultora para coger la aguja y dirigir este proyecto al lado de su madre, Loló Simó. De momento, el 70% de sus productos se hacen de esta labor, aunque en la empresa han dado el salto a otras artesanías y a otro tipo de materiales. Usan seda, terciopelo o lana merina para realizar nuevos complementos como pendientes, estolas o fulares. “Todos nuestros materiales son españoles y un 90% proceden de Cataluña”, concreta la emprendedora. Aunque su venta empezó siendo a través de internet —el estreno de la marca se produjo en redes sociales—, en breve dieron el salto a la tienda física, que ellas llaman “el espacio” abierto en Barcelona, porque lo consideran algo más que un establecimiento al uso. “Para nosotras es un taller donde trabajamos, nos reunimos con las clientas e inventamos patrones. Además, desde hace un tiempo, organizamos reuniones de amigas, celebramos cumpleaños y enseñamos los fundamentos básicos del arte del ganchillo. Lo llamamos croché and wine”, apunta Béjar. Con 100 pedidos de media al mes, frente a los 10 con los que empezaron en 2023, y una producción limitada, bajo demanda, la tienda ha supuesto un punto de inflexión en su facturación. En solo dos años han pasado de ingresar 17.000 euros a 150.000 en 2025. Sin rondas de financiación a la vista, Béjar comenta que siempre se han autofinanciado y así van a seguir. El 80% de sus ventas llegan desde el canal digital. Sus clientes están concentrados en Madrid y Cataluña. Sin olvidar las ventas internacionales. “Uno de cada tres pedidos viene de fuera”, afirma la fundadora. Ya envían sus bolsos a Portugal, Suiza, Italia, Puerto Rico, Perú o Estados Unidos, donde las ciudades de Miami, Nueva York o Los Ángeles son las más fieles a la marca.