EditorialSumario para puntocom: Diseñadores y comunidades muestran que las mejores piezas tienen memoria, identidad y colaboración.Milciades Castro, director creativo de Somos Mhuyscas con una chaqueta tejida en telar manual horizontal. Foto: CCB28.07.2026 00:11 Actualizado: 28.07.2026 00:11

La artesanía dejó de ser un complemento para convertirse en uno de los grandes motores creativos de la moda colombiana. Diseñadores y comunidades demuestran que las mejores piezas no solo se confeccionan con técnica, sino con memoria, identidad y colaboración.Antes de convertirse en un vestido, una mochila o una pieza de cerámica, todo comienza con el tiempo. El tiempo que tarda el barro en secarse, la fibra en teñirse, el telar en avanzar unos centímetros o unas manos en repetir un gesto aprendido hace generaciones. En un momento en el que la moda parece medirse por la velocidad con la que llegan las tendencias, los oficios artesanales recuerdan que crear también puede ser un ejercicio de paciencia.Cuando atiende la videollamada, el diseñador Andrés Restrepo está en un taller de Caldas, Antioquia, supervisando las piezas de cerámica que desarrolla junto a los artesanos con los que trabaja Alado, el estudio de diseño que fundó junto a Alejandro González.“La moda siempre ha sido un fenómeno muy foráneo e importado. Desde la academia nos dijeron que miráramos París o Milán para reinterpretar esas tendencias en Colombia. Reconectar con la artesanía es una forma de autorreconocimiento como cultura. Es encontrar en los saberes, los oficios y la tradición la respuesta a quién soy y de dónde vengo”, afirma.Hace ocho años, la firma comenzó a recorrer municipios de Antioquia para identificar talleres y técnicas tradicionales. El camino los llevó desde los tejidos de ruana en Sonsón hasta el fique de San Vicente Ferrer, los telares de Bello y la cerámica de Caldas. “Cada viaje nos llevaba a una nueva técnica y a un nuevo artesano. Así hemos construido colaboraciones que siguen creciendo con el tiempo”, explica.Ese acercamiento entre diseñadores y comunidades también se ha fortalecido gracias al renovado interés de la industria por los oficios tradicionales. Para Marcela Cuéllar, gerente general de Artesanías de Colombia, cada vez más marcas encuentran en las fibras y técnicas locales no solo una riqueza estética, sino una forma de preservar el patrimonio cultural. “Los artesanos son los guardianes de nuestra memoria. Conservan viva la esencia de nuestra cultura”, sostiene.Diseños de la tienda de Alado, ubicada en el municipio de El Retiro, Antioquia. Foto:AladoLa diseñadora Manuela Álvarez ha construido su marca sobre esa convicción. Durante más de una década, MAZ ha desarrollado una red de trabajo con más de 850 familias indígenas y artesanas, desde las comunidades wounaan puur y embera dobida, en Chocó, hasta los pueblos wiwa, kankuamo y arhuaco, en la Sierra Nevada de Santa Marta.“Siempre he entendido que soy la columna vertebral de mi marca, pero el trabajo en equipo es fundamental porque mis posibilidades llegan hasta donde llegan las personas que hacen posible transformar una idea en algo físico. Más que cualquier otra cosa, he encontrado en la artesanía un recurso de expresión personal, comunitaria y cultural”, explica.De esa experiencia nació el Proceso Holístico Sostenible 360 Grados, una metodología que comienza con un intercambio de saberes entre la marca y las comunidades y continúa con procesos de formación y laboratorios creativos. “Es allí donde nos preguntamos: ‘¿Qué tal si combinamos esta técnica con otras fibras o con otros materiales?’. Ese espacio permite que todos aprendamos y que la innovación beneficie tanto a la marca como a las comunidades”, concluye.Al sur del país, mucho antes de que la unión entre moda y artesanía se convirtiera en tendencia, Adriana Santacruz ya trabajaba junto a la comunidad indígena de Los Pastos, en Nariño, reconocida por su tejido en telar de guanga.“En 1999 tuve el llamado de la vida de trabajar con los indígenas del sur de Nariño para mi proyecto de grado. Han sido más de 26 años de convivencia, aprendiendo mutuamente con cariño y respeto por su cultura, hasta ver con satisfacción cómo sus descendientes forman parte de mi equipo, preservando el oficio”, cuenta la diseñadora.Su trabajo demuestra que la colaboración sostenida puede integrar técnicas ancestrales en el diseño contemporáneo sin perder su esencia. “El tejido es parte de mi ser y no dejo de pedir al cielo la inspiración para seguir viviendo”, afirma.Ese reconocimiento también ha transformado el papel de los propios artesanos. Hoy muchos no solo colaboran con diseñadores, sino que lideran sus propias marcas y llegan a escenarios como Bogotá Fashion Week y ArtBo. Es el caso de Milciades Castro, diseñador y miembro del Resguardo Indígena Muisca de Cota, quien fundó Somos Mhuysqas junto a su hermano Camilo para reinterpretar los oficios de su comunidad desde una mirada contemporánea. Un camino similar ha recorrido Tejidos Rebancá, marca boyacense que ha llevado el trabajo de cerca de 50 familias artesanas a mercados internacionales sin perder el vínculo con el territorio.La proyección de estos oficios también empieza a cruzar fronteras. Firmas internacionales como Stella McCartney trabajan con artesanas colombianas que elaboran a mano, en fibra de iraca, algunas de las piezas de sus colecciones, confirmando el creciente reconocimiento del saber artesanal del país.Sin embargo, para quienes han construido estas alianzas, el mayor reto no está en que la artesanía esté de moda, sino en que quienes la hacen reciban el reconocimiento que merecen.“Más que una deuda con las comunidades, existe una deuda con todas las personas que hacen parte de los procesos. Así como el diseñador es visible, también deberían serlo quienes hacen posible cada pieza. En una sociedad donde todo es inmediato e industrializado, las historias humanas adquieren todavía más valor. Es una manera de reconectarnos con la tierra, con la cultura y con nuestra identidad”, reflexiona Manuela Álvarez.Andrés Restrepo coincide. Para él, el verdadero éxito de una colaboración no consiste en incorporar una técnica artesanal a una colección, sino en construir relaciones duraderas. “No es una tendencia; es un compromiso a largo plazo. Tiene que ser una relación donde todos ganen, donde se sepa quién hizo la pieza, cómo se hizo y exista un reconocimiento por la labor de la persona que está detrás. Solo así la artesanía puede seguir viva y generar un impacto económico, social y cultural”, concluye.MAPA DE ARTESANÍASCundinamarca Somos Mhuyscas / Tejeduría en lana y fibras naturales BoyacáTejidos Rebancá / Tejeduría en lana de oveja ChocóManuela Álvarez / Tejido en chaquirasLa Guajira Manuela Álvarez / Tejido de puntNariño Adriana Santacruz / Telar de guangaAntioquia Alado / Fique, telares, cerámica Sigue toda la información de Más Contenido en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.