Actualizado 11/06/2026 - 18:01h.
Antes de la matraca del 'Espanya ens roba', el irredentismo catalán había formulado otra acaso más delirante: «El papa no ens estima». En el segundo volumen de sus memorias, Jordi Pujol rememora la accidentada visita de Juan Pablo II al monasterio de Montserrat, bajo ... una lluvia torrencial, con varias horas de retraso sobre el horario previsto y una multitud calada hasta los huesos que aguardaba al ilustre visitante entre tiritonas y cánticos afónicos. Pujol y su señora, insigne coleccionista de misales, esperaban que el Papa polaco, que había sufrido la opresión de su patria a manos de los totalitarismos, mostrase una sensibilidad especial hacia el «hecho diferencial» catalán; pero Juan Pablo II se mostró –siquiera según su percepción—demasiado frío y distante (sospecho que, simplemente, se mostraría renuente a sus tabarras) y entonces la señora Ferrusola le dijo a su marido, desconsolada: «Este hombre no nos entiende, este hombre no nos quiere».
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