“Pero si pareces normal”, le dice un poeta bipolar –que evita el hospital recorriendo a diario muchos kilómetros en bicicleta– a Suzanne Scanlon en una de las páginas de Internadas. Sobre el sentido y la locura femenina (Golem). ¿Qué diablos será la normalidad?, se pregunta el lector de ese interesantísimo ensayo autobiográfico en el que la autora reconstruye su internamiento durante más de dos años en un hospital psiquiátrico de Nueva York, como un extraño paréntesis de una vida tensada por sus problemas de salud mental, y lo contrapuntea con fragmentos de ensayo cultural sobre escritoras que también buscaron sus equilibrios internos. Scanlon encontró el suyo en la escritura, la maternidad y, sobre todo, en la lectura. Por eso escribe: “No puedes obtener un diagnóstico de la poesía, pero yo habría muerto si no hubiera encontrado mi camino hacia ella”. Una cierta, posible normalidad.El festival de fotografía Getxophoto Turismo EuskadiDe todas las formas en que se pueden aliviar las presiones de la salud mental –deporte, cariños, terapias, fármacos, hospitalización–, sin duda las poéticas son las más amables. Por eso también hay que invertir en librerías, bibliotecas, museos y otros espacios culturales: porque alivian la soledad como hacen los árboles con las inclemencias del cambio climático; porque son desde siempre estructuras terapéuticas.Hay que invertir en bibliotecas y museos: alivian la soledad, son estructuras terapéuticasLo pensaba el otro día en el festival Getxo Photo, que celebra su 20.º aniversario: al exponer en plena calle fotografías en que Cristina de Middel rinde homenaje a West Side story a través de ciudadanos de Nueva York que bailan para ella; o, en la pendiente por la que sube un viejo ascensor inclinado, imágenes de Shahram Saadat que muestran caras atravesadas por las líneas de agua en el interior de un lavacoches (uno de los pocos lugares en que no te sientes culpable por darte una pausa) nos recuerdan que el espacio público también puede ser oasis y poesía y alivio. La energía relacional que se respiraba en las charlas o en ese comedor entrañable que es el Txoko Bidebitarte explica por qué en los créditos del catálogo aparecen los nombres de los responsables de la participación popular y de los cuatro cocineros.Lee tambiénLo normal tal vez sea comida y conversación compartidas; un balance entre las lecturas tradicionales y las pantallas; ciertas dosis de poesía tanto en la calle como en casa; remontar, periódicamente, las noches para que al fin amanezca. No me extrañó que la escritora peruana Rosa Chávez Yacila, que también ha padecido sus colapsos antes de “llegar a este punto de cierta cordura”, acabe su delicado libro Las nerviosas ( Yegua de Troya) –sobre la depresión y el insomnio y las herencias y la pobreza y la literatura– precisamente con unos versos. Son de José Watanabe y dicen: “ Cúrame, / pero no totalmente / déjame un pelo del demonio en la mirada: / el mundo / merece sospecha / siempre”.