Alberto Morán (Associated Press)“No sabrás, nunca sabrás, lo que es morir mil veces de ansiedad. No podrás nunca entender, lo que es amar y enloquecer. Tus labios que queman, tus besos que embriagan y que torturan mi razón. Sed que me hace arder y que me enciende el pecho de pasión”, comienza diciendo la letra de “Pasional”, el emblemático tango creado en 1951 por Mario Soto, con música de Jorge Caldara, que inmortalizó el gran Alberto Morán.El cantante, que se desgarraba al entonar cada frase de esta pieza, falleció a los 75 años el 16 de agosto de 1997. Y muchos pensaron que, tras su partida, nadie se animaría a interpretar un tema del repertorio de música ciudadana con tanto sentimiento. Porque, definitivamente, había que ser muy valiente para poder enfrentar una comparación. Sin embargo, al año siguiente, el Teatro Gran Rex fue testigo de un hecho sin parangón. Y es que, en medio de su serie de recitales, Sandro decidió incluir el tema que indentificaba a El Galán del tango —como lo llamaban a Alberto por su enorme poder de seducción— frente a sus “nenas”.PUBLICIDADSegún explicó el Gitano en ese momento, antes de su fallecimiento, Morán había dejado una carta escrita de puño y letra en la que le pedía a sus herederos que le entregaran a él el último premio que había recibido de Sadaic. La relación entre el cantor y Roberto Sánchez —el hombre detrás del ídolo— había comenzado casi sin querer cuando este último era un jovencito que frecuentaba los bailes donde cantaba el Flaco porque siempre “se llenaban de mujeres”. Hasta que, ya convertido en un artista, tuvo la posibilidad de cruzarse al maestro Osvaldo Pugliese en un programa de televisión conducido por Juan Carlos Mareco. Y, después de expresarle su admiración, le confesó que para él sería un honor que algún día lo acompañara con su orquesta para cantar “Pasional”. “Estás clavada en mí, te siento en el latir abrasador de mis sienes. Te adoro cuando estás y te amo mucho más cuando estás lejos de mí. Así te quiero dulce vida de mi vida. Así te siento, solo mía, siempre mía. Tengo miedo de perderte, de pensar que no he de verte. ¿Por qué esa duda brutal? ¿Por qué me habré de sangrar si en cada beso te siento desmayar? Sin embargo me atormento, porque en la sangre te llevo. Y en cada instante, febril y amante, quiero tus labios besar", continúa la letra que Morán interpretaba estremecido. PUBLICIDADRoberto lo veía de joven y pensaba que, si algún día podía darse el lujo de cantar, lo haría como este hombre. Temblando con el cuerpo y el alma. Y así fue. No solo logró trasmitir sus sentimientos en cada verso, sino que incluyó “Pasional” en la lista de temas de su show. Y recibió en el escenario de manos de la viuda, Felicitas, y de la hija, también cantante, del Alberto, Roxana Morán, el galardón que el cantor le había legado y que a él tanto lo llenaba de orgullo. Pero entonces apareció en escena Marga Fontana, una tanguera que hasta entonces había mantenido un perfil muy bajo. Y que, sin embargo, había tenido mucho que ver en la vida de Morán. Eran otros tiempos. Y, si bien el cantor nunca se había divorciado, la realidad es que ella lo había acompañado a lo largo de tres décadas. Primero como amante, después, como concubina. Pero siempre con amor y, sobre todo, con pasión.PUBLICIDADEl Flaco no pudo morir en brazos de Marga Fontana, la mujer con la que convivió sin papeles