El guitarrista Samuel Diz y el tenor Jonatan Alvarado recuperan en ‘El mal de l’amor’ una parte de las 121 melodías que el compositor escribió durante su etapa diplomática en América
Si la vida de Gustavo Durán se adaptara al cine, correría el riesgo de no resultar creíble. Durante los años veinte del siglo pasado, el compositor visitó con frecuencia la madrileña Residencia de Estudiantes como discípulo de Tragó y Turina. Allí se hizo íntimo de Lorca, Alber...
ti, Buñuel y Dalí. Estrenó con éxito el ballet El fandango de candil para La Argentina y, a su regreso de París, donde estudió con Paul Dukas y fue amante del pintor Néstor Martín-Fernández de la Torre, participó en mítines y firmó manifiestos en apoyo a la República.
Su trayectoria militar durante la guerra, hasta ostentar el grado de teniente coronel, inspiró al intelectual en armas de L’espoir de Malraux y Hemingway recogió algunas de sus hazañas en Por quién doblan las campanas. En su precipitada huida al exilio desde el puerto de Gandía, dio por perdidas algunas de sus canciones, que habían interpretado Vera Janacópulos y Conchita Supervía. Pasó un breve periodo en la campiña inglesa de Dartington Hall y, en 1940, fue recibido por Roosevelt en Nueva York, donde inició una nueva vida.






