Se diría que estamos en el ojo de un huracán, o de varios que se entrelazan girando cada uno en distinto sentido. La visita a España del Papa León XIV generando ideas se mezcla con unas realidades empeñadas en mostrarnos que están mucho más interconectadas de lo que parece. En esa placidez que quieren darle al viaje del pontífice, surge una noticia que remueve lo que ocurre en España con la justicia, la política y los medios que hacen lo que pueden hacer contra el gobierno. Y más. Hasta con ayuda internacional como ya nos temíamos.

Que un líder religioso, presidente de ese Estado Vaticano que se extiende por el mundo con millones de seguidores, hable en un Parlamento democrático no es tan extraño. Reyes, no electos y vitalicios, lo hacen también y ante grandes foros internacionales. Carlos III de Inglaterra acaba de intervenir en el Capitolio estadounidense. Por lo demás oír algunas de las valiosas ideas progresistas que ya ha dejado León XIV no tiene punto de comparación con la sarta de estupideces e improperios continuados que llenan cada sesión del Congreso español. Se da por descontado que un sacerdote católico está contra la eutanasia y el aborto. Si lo comparamos con la extrema-derecha-extrema española, el Papa Prevost es mucho más progresista, al margen de esas cuestiones profundamente arraigadas en la Iglesia.