Actualizado a las 01:30h.
Que la dirección de la Guardia Civil haya favorecido presuntamente el encubrimiento de los correos que comprometían al presidente del Gobierno en la investigación por el supuesto trato de favor a su hermano, el artista conocido como David Azagra, tal y como ha publicado ABC, inquieta más allá de la mera anécdota. Un informe de la Unidad Central Operativa apunta a que el entonces director de la Guardia Civil, Leonardo Marcos, ordenó a los agentes 'ponerse de perfil' en los asuntos que concernían a la familia del presidente y bloqueó el acceso a información que podía comprometerle. Estas informaciones se suman a las ya conocidas sobre las reuniones que mantuvo la, incomprensiblemente, todavía directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, con la presunta ejecutora de las cloacas del Partido Socialista, Leire Díez. El esquema que dibujan los acontecimientos señala algo que hasta hace poco habría parecido impensable: la propia Guardia Civil, que investiga estos hechos a través de sus unidades especializadas, habría puesto palos en las ruedas, desde las más altas instancias jerárquicas, para impedir que sus agentes realizaran su misión con el agravante de que, con todo lo ya conocido, resulta difícilmente sostenible que los segundones de la trama, los cargos políticos, actuaran por su cuenta para favorecer a su jefe sin que Pedro Sánchez supiera nada. Porque lo que hoy desvela este diario abunda en la sospecha de que el presidente o estaba al frente o, desde luego, sí al tanto de lo que maquinaba la 'cloaca' de Ferraz.










