El nombre de Koji Yanai empezó a circular en el mundo como el del productor de Perfect Days, la película dirigida por Wim Wenders que le valió a Kōji Yakusho el premio al mejor actor en Cannes en 2023, y representó a Japón en la 96º edición de los premios Oscar de 2024. Ahora, el cine lo ha vuelto a llevar a los escenarios internacionales como cofundador del Fondo Cinematográfico para el Desplazamiento (DFF, por sus siglas en inglés), un proyecto de apoyo a cineastas que tuvieron que abandonar por la fuerza sus países o cuya obra trata el tema del desplazamiento. Que el papel de Koji Yanai como directivo de la multinacional de moda rápida Uniqlo sea menos conocido responde a una estrategia corporativa.“Uniqlo no suele participar en entrevistas de perfil ejecutivo. Nuestro enfoque comunicativo antepone la marca a sus directivos”, dice en un mensaje electrónico Ai Kanda, encargada de comunicaciones de Fast Retailing, la casa matriz del gigante de la moda, fundada en 1949. Su padre, Tadashi Yanai, presidente del grupo y el hombre más rico de Japón, es la cara visible de una empresa que en 2025 ingresó 3,4 billones de yenes (unos 20.000 millones de euros) y es el tercer fabricante mundial de ropa, después de la española Inditex y cada vez más cerca de la sueca H&M. Pero Koji Yanai hace una excepción y recibe a EL PAÍS en el sexto piso de la sede de Uniqlo en Ariake, un distrito de edificios futuristas en la bahía de Tokio, construido sobre terreno ganado al mar y al que se llega en un tren sin conductor.Yanai se remanga su muy bien planchada camisa azul marino de Uniqlo, deja ver un diminuto reloj Cartier Tank y aclara que no se siente a gusto con el apelativo de “moda rápida” para su empresa. “En Uniqlo fabricamos diseños simples que permiten llevar la misma prenda durante varias temporadas”, argumenta. “La durabilidad es muy alta: tanto en el sentido físico —la prenda resiste varias temporadas— como en el sentido estético: un diseño simple no está sujeto a las tendencias”, sostiene.Para explicar el origen del nuevo proyecto de financiación de cortometrajes del DFF, menciona la larga relación de Uniqlo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. “Colaboramos con Acnur desde 2001, pero el punto de inflexión fue en 2006, cuando firmamos un acuerdo de asociación global de apoyo a desplazados en todo el mundo”, continúa. Yanai cita de memoria la evolución anual del número de desplazados (rondan los 122 millones) y se desmarca de la distinción semántica que define a los refugiados como aquellos obligados al exilio por conflictos étnicos o guerras: “El desplazamiento engloba a todas las personas que ya no pueden vivir donde vivían, sea cual sea la causa”. En 2024, el empresario visitó el campo de Cox’s Bazar en Bangladesh, donde viven más de un millón de refugiados de la etnia musulmana rohinyás, casi la mitad mujeres y niños. “La pobreza menstrual allí es un problema estructural”, afima. “Uniqlo proporciona materiales y formación en técnicas de costura para que las mujeres fabriquen su ropa interior sanitaria”, añade. Según Yanai, actualmente se elaboran unos tres millones de esas prendas al año. Entre 2006 y 2025, Uniqlo también donó a los campamentos de refugiados 63,7 millones de prendas usadas, según cifras de la empresa. La nueva idea de usar el cine para apoyar a los desplazados surgió en una cena previa al Foro Mundial de los Refugiados de 2023, celebrada en la ciudad suiza de Ginebra. En la mesa de Yanai coincidieron otras dos personas vinculadas a la industria del cine: la oscarizada actriz Cate Blanchett, embajadora de Acnur desde 2016, y Ke Huy Quan. El intérprete vietnamita, conocido como Tambor en Indiana Jones y que en 2023 se hizo con el Oscar a mejkor actor de reparto por su papel en Todo a la vez en todas partes, utilizó su discurso de agradecimiento para concienciar al público. “Mi viaje empezó en un barco; pasé un año en un campo de refugiados”, recordó el intérprete. “Quan nos contó que los miembros de su familia habían viajado en barcos separados desde Hong Kong a Estados Unidos. Muchos años después, gracias a la base de datos de Acnur, se emocionó al encontrar los números de las naves en las que habían llegado a América”, relata ahora Yanai. “Me impresionó conocer a alguien que había conseguido un Oscar después de tantos obstáculos”, remarca.La conversación de la cena giró hacia la creación de un espacio para reconocer el talento presente entre los refugiados y usar el cine como instrumento. Después de múltiples reuniones a distancia, concretaron el formato de cortometraje. Para decidir el presupuesto de 100.000 euros por proyecto, contaron con la asesoría de Clare Stewart, directora del Festival Internacional de Cine de Róterdam y el fondo neerlandés Hubert Bals Fund.Los cinco cortometrajes de la primera edición del DFF se estrenaron en el festival de Róterdam de este año y recorren el desplazamiento desde ángulos radicalmente distintos. La agonizante espera por el permiso de asilo en un hotel británico centra Allies in Exile, del cineasta sirio Hasan Kattan. Una mirada irónica a la vida de mujeres que se ejercitan durante la única hora del día que el régimen talibán les permite es el tema de Super Afghan Gym, de la afgana Shahrbanoo Sadat. La autora ucrania Maryna Er Gorbach retrata en Rotation el ritual de hipnosis terapéutica de una joven que entra al servicio militar. El director iraní Mohammad Rasoulof, condenado por su gobierno y forzado al exilio, presenta en Sense of Water la historia de un escritor alienado por una lengua extraña en Alemania. Y en Whispers of a Burning Scent, el director somalí-austriaco Mo Harawe muestra la vulnerabilidad de las vidas privadas expuestas al escrutinio público. Yanai explica que los derechos de las películas pertenecen a los propios directores. “No se trata de contenido patrocinado, ni marketing encubierto”, aclara. La ayuda a los cineastas va por la segunda edición y se suma al apoyo de emergencia, las donaciones de ropa, la formación en habilidades de costura para la inserción laboral y el empleo directo en las tiendas. “El DFF es una forma completamente nueva de crear oportunidades a través del cine”, subraya. Japón donó 118 millones de dólares a Acnur en 2024. Ese mismo año, admitió solo a 190 refugiados (de entre 12.373 peticiones), lo que supone una tasa de rechazo del 98,46%. Yanai declina comentar la política oficial de su país. “Solo puedo decir que apoyamos a los refugiados porque creemos que es un problema global”, asegura.Fast Retailing prevé para este año un crecimiento del 9,6%. A la cuestión de cuándo su grupo espera convertirse en el número uno del sector, Yanai sonríe enigmático: “Lo que queremos, sin duda, es ser los más respetados, los más fiables y los más admirados del mundo. Tal vez entonces seamos los primeros”.