Perder a un hijo es una realidad para la que nadie está preparado. Se trata de un suceso que desafía el orden natural de la vida y que deja una huella profunda en quienes la atraviesan, especialmente en las madres, cuya identidad, proyectos y vínculos suelen estar estrechamente ligados a la crianza y acompañamiento de sus hijos. Aunque cada duelo es un mundo y se trata de un proceso muy personal, los especialistas coinciden en que la muerte de un hijo constituye una de las pérdidas más dolorosas que puede experimentar un ser humano.¿Cómo enfrenta una mujer una ausencia de esta magnitud? ¿Qué emociones suelen aparecer en los primeros momentos y cómo evolucionan con el paso del tiempo? ¿Es posible volver a encontrar sentido a la vida después de una pérdida tan devastadora? La psicóloga Jennifer Flórez explica que no existe una manera correcta de vivir el duelo ni un tiempo determinado para superarlo.¿Es posible aprender a convivir con ese dolor o nunca deja de estar presente?El dolor nunca desaparece por completo porque no estamos hablando de olvidar a un hijo, sino de aprender a vivir con una ausencia imposible. Lo que cambia es la relación con el dolor. Al principio invade toda la vida; con el tiempo deja de ocuparlo todo, aunque siga existiendo. Yo vi a mi mamá morirse en vida durante mucho tiempo después de una pérdida, y también la vi levantarse. Y entendí que, aunque la ausencia nunca desaparezca, el dolor sí puede gestionarse y la vida puede continuar. ¿Cómo? Dejando de luchar contra el dolor y empezando a integrarlo a la vida. Hablándolo, permitiéndose sentir, dejando de exigirse “superarlo” rápido y entendiendo que sanar no es dejar de amar a quien se perdió, sino aprender a vivir sin destruirse por esa ausencia.¿Cómo cambia la identidad de una madre después de perder a un hijo?Una pérdida así rompe profundamente la identidad. Muchas madres sienten que ya no saben quiénes son porque una parte esencial de su vida desapareció. No solo hacen duelo por el hijo, también por la versión de ellas mismas que existía antes de esa pérdida.Cuando figuras públicas hablan abiertamente de su pérdida, ¿ayudan a normalizar el duelo?Sí, porque ayudan a romper el silencio alrededor del dolor. Muchas personas sienten presión por “estar bien” rápidamente, y escuchar a alguien hablar honestamente del duelo hace que otras personas se sientan menos solas y menos culpables por seguir sufriendo."El acompañamiento psicológico no busca borrar el dolor, sino ayudar a que la persona pueda sostenerlo sin destruirse emocionalmente"¿Cómo se acompaña psicológicamente a alguien que ha sufrido una pérdida tan traumática?Primero entendiendo que no hay palabras que reparen algo así. El acompañamiento psicológico no busca borrar el dolor, sino ayudar a que la persona pueda sostenerlo sin destruirse emocionalmente. Muchas veces lo más importante no es hablar, sino tener un espacio seguro donde el dolor pueda existir sin ser juzgado.¿Qué importancia tiene permitirse hablar del hijo fallecido sin sentir que se incomoda a los demás?Es fundamental. Cuando una madre siente que no puede nombrar a su hijo porque incomoda, el duelo se vuelve todavía más solitario. Hablar del hijo mantiene vivo el vínculo emocional y ayuda a integrar la pérdida de una forma más sana.¿Qué le dirías a una madre que acaba de atravesar una pérdida similar?Que no intente exigirse estar fuerte ahora mismo. El dolor que siente es proporcional al amor que existe. Y aunque hoy parezca imposible imaginar una vida después de esto, poco a poco el ser humano aprende a respirar incluso con heridas muy profundas.
Jennifer Flórez, psicóloga, sobre el duelo por la muerte de un hijo: "Aunque la ausencia nunca desaparezca, el dolor sí puede gestionarse"
La experta nos habla sobre la manera de acompañar en el duelo y la importancia de entender el proceso.











