Como una estrella del rock, León XIV ha pasado en 24 horas de sacar a la calle un millón de personas en Madrid a conseguir el aplauso unánime de las Cortes (durante ocho minutos) con su discurso. Estamos ante un Papa al que progresistas y conservadores respetan. Incluso la extrema derecha –representada en las Cortes por Vox– le acepta, a pesar de haber alertado sobre su riesgo en las sociedades democráticas. Dani DuchRobert Prevost pasará a la historia parlamentaria por haber logrado el consenso de los presentes en la Cámara, después de décadas en que nadie haya conseguido el aplauso unánime. A la derecha de la presidenta, Francina Armengol, Pietro Parolin sonreía con cara de satisfacción al concluir el discurso.Él es quien ha preparado el viaje y quien ha afinado los parlamentos del Pontífice. Se trata de un diplomático de carrera, que ha sido secretario de Estado con Francisco y al que León XIV revalidó en el cargo. De hecho, sonó como papable y su influencia en el Vaticano resulta evidente. Parolin es un multilateralista, que rechaza la ley del más fuerte, apoya el derecho internacional y defiende la regeneración democrática.El Papa reitera la necesidad de rebajar la confrontación política y evitar el insulto¿Qué dijo el Papa ante los parlamentarios españoles? Pues que es imprescindible rebajar la polarización y desarmar el lenguaje en el debate político. Y que confrontar no es sinónimo de debatir y que quienes ocupan cargos deben contribuir a la construcción de un clima de respeto. Incluso les instó a que las leyes no estén sujetas al vaivén de las mayorías de cada momento, sino ancladas en principios éticos y morales.León XIV pidió a diputados y senadores reforzar la dignidad humana y proteger la vida, pero igualmente les advirtió del riesgo de debilitar la protección a los más vulnerables, de abandonar a los inmigrantes y de creer que la tecnología (y la IA) es neutral, cuando, en realidad, toma el rostro de quien la concibe, financia y regula.El milagro del Pontífice no solo fue suscitar aplausos a derecha e izquierda, sino también lograr que unos y otros pensaran que sus palabras solo interpelaban a sus rivales. Eso fue lo más preocupante de la sesión. El mea culpa no se lo atribuyó nadie, será que pocos saben latín.