Si te llamas Osasuwen o Iyenguwena, tu madre vino a España con 14 años desde Nigeria y has nacido y te has criado en las Tres Mil Viviendas de Sevilla, el barrio más pobre de España, el guion con el que se trazaría tu destino no incluiría empezar una carrera universitaria de Ingeniería de Organización Industrial o de Derecho y Administración de Empresas. Pero si la prioridad de tu progenitora es brindar a sus hijas la mejor educación posible, como garantía de superación, y entre sus premisas está la de no desfallecer ante cualquier adversidad, se llame racismo o estigma social, el giro argumental es obligado. María Moses y sus gemelas, Osasuwen (Osa) e Iyenguwena (Iye), de 18 años, se sienten orgullosas por no haberse resignado a vivir conforme a las expectativas minúsculas que a priori se les podían presentar en un entorno de exclusión y vulnerabilidad. Están escribiendo su propia historia, aunque aún les quedan muchos más prejuicios por romper.“Esta es la educación en la que hemos crecido. Nuestra madre siempre nos ha dicho que el sacrificio que ha hecho no es para que nosotras estemos en la calle, sino para que saliéramos adelante”, cuenta Iye. “Nos ha inculcado que estudiar es muy importante, que brinda muchas oportunidades y que en el futuro sí vale para algo, aunque con 12 o 15 años pienses que no”, continúa Osa. “No te rindas a la primera. Vas a fallar, pero hay que seguir”, recuerda María que les insistía a ambas cuando alguna amagaba con decaer si se le cruzaba alguna asignatura. Esa es la consigna que ella misma se daba cuando llegó a Ceuta desde su Nigeria natal. Hasta recalar en Sevilla, seis años después, pasó por Madrid, Santiago de Compostela, Almendralejo y Granada. Un periplo que le curtió el carácter. “Soy muy peleona”, advierte, para suavizar la determinación de su mirada con una enorme sonrisa. Trabajando como cocinera o limpiando en hostelería, como hace ahora, ha criado prácticamente sola a sus cuatro hijos, dos pares de gemelos: las mayores y otros dos mellizos que ahora tienen 12 años.María y las gemelas conversan en la sede central que la asociación Entre Amigos tiene en las Tres Mil Viviendas. Sus orientadoras, a través del programa CaixaProInfancia de la Fundación La Caixa, que ellos gestionan, han sido esenciales para fraguar su historia de éxito. “Nuestro trabajo consiste en atender a la unidad familiar en su totalidad, acompañándola en función de sus necesidades”, explica Anabel Gamaza, miembro de la entidad y coordinadora del programa. A través de esta iniciativa, que lleva 19 años desarrollándose en la barriada, ofrecen clases de refuerzo educativo, talleres de ocio, colonias urbanas en verano, y recursos de acompañamiento familiar en los que también participan los padres y madres para mejorar la convivencia y la comunicación. En este tiempo han brindado apoyo a 300 familias, explica Gamaza. En toda España, el programa ofrece recursos socioeducativos a niños y adolescentes, entre los tres y los 18 años, de cerca de 43.000 familias de toda España que afrontan situaciones de vulnerabilidad. Más del 50 % son familias monoparentales, como la de Moses.María conoció el programa en 2008, cuando sus dos hijas mayores tenían un año y estaban en una guardería. “En un primer momento me dijeron que solo atendían a los que tenían papeles, pero me he encontrado con gente buena que me ayudó a hacer un curso de cocina con el que pude ponerme a trabajar”, cuenta con esa sonrisa, que es incapaz de ocultar. Allí, las distintas referentes de familia que le han ido asignando le enseñaron todo lo que tenía que ver con la crianza a través de talleres y de un trato humano tan estrecho que ha acabado convirtiéndose en amistad. “Lo aprendí todo sobre cuidar a los niños y eso ha seguido después; cuando tuvieron la regla, llamé inmediatamente para que me dijeran cómo actuar…”, recuerda. Pero esas horas en las que las pequeñas estaban en los talleres de CaixaProInfancia también le permitieron encontrar eso tan importante y tan escaso para una madre -máxime cuando tienen que asumir la crianza casi en solitario (el padre de los niños pasa largas temporadas en Nigeria)-: tiempo para ella misma. “Las clases de refuerzo nos sirvieron de mucha ayuda”, cuenta Iye, sobre su propia experiencia con el programa. “Sobre todo en verano, porque la mayoría de nuestros compañeros se iban a la playa y nosotras nos quedábamos en Sevilla sin nada que hacer. Ir al campamento de verano fue importante, porque conocíamos a más gente, hacíamos amistades, era un nuevo ambiente”, añade Osa. Gracias al programa, recuerdan, también han podido disponer de material escolar de manera gratuita y, ahora que están en la universidad, a través de otros recursos, desde la asociación también les han facilitado la tablet que Osa necesita para sus clases. “La orientación que nos han dado sobre qué estudiar o los consejos sobre las carreras también ha sido muy valiosa”, coinciden las gemelas. Una excepción que sirve de estímuloEn un barrio como el Polígono Sur (donde se encuentran las Tres Mil Viviendas), con un 35% de absentismo y un 60% de fracaso escolar, conseguir pasar de la ESO a Bachillerato es una proeza, aunque cada vez se están dando más casos de continuidad en ese ciclo formativo, tal y como reconoce Gamaza. La frontera que sigue siendo casi inexpugnable es la que da acceso a la universidad. Osa e Iye saben que son una excepción y asumen, también con satisfacción, que se han convertido en referentes para otros compañeros. “Muchos nos ven como un ejemplo a seguir. Son familias de origen migrante que no se planteaban estudiar nada y, al vernos a nosotras, se lo han replanteado”, cuenta Iye. “Para ellos la palabra universidad era como decir que iban a ir a la Luna, pero ahora nos piden consejo, orientación…”, continúa Osa. Sus propios hermanos pequeños también han normalizado el hecho de cursar estudios universitarios y empiezan a hablar sobre las dificultades de alcanzar la nota de corte para hacer Medicina, una conversación que no es habitual entre las familias con hijos de su barriada.Aunque las Tres Mil Viviendas no es un barrio que concentre a población migrante, en los últimos años ha crecido el número de personas de origen nigeriano y senegalés y procedentes de Latinoamérica, como reconoce Gamaza, por lo que cada vez son más las familias de origen migrante que acuden al programa CaixaProInfancia. “Todo el núcleo familiar suele participar en todos los recursos y están muy comprometidos y luchan mucho por el éxito educativo de sus hijos”, destaca Anabel, que no oculta su mueca de circunstancias cuando se alude a la propuesta xenófoba de la prioridad nacional de Vox.Las gemelas no edulcoran el camino hasta la universidad. “Nosotras lo hemos tenido más difícil, pero no por ser hijas de inmigrantes, sino por ser personas de color”, advierte Osa. Una discriminación que siguen percibiendo en sus respectivas facultades. En una clase conjunta de Expresión Gráfica, donde siempre habían estado separados en tres grupos distintos, el profesor se dirigió a Osa para preguntarle: “Tú no eres de aquí, ¿verdad?”, rememora la joven con un deje de incredulidad. Ese es un ejemplo de los prejuicios sobre los que su madre les alertó desde que eran niñas. Otro con el que han ido aprendiendo a lidiar conforme han ido creciendo es el de ser de las Tres Mil Viviendas. “El otro día un profesor en un ejemplo en clase hizo un comentario en el que ironizaba con que para comprar un rifle había que ir a las Tres Mil Viviendas”, cuenta Iye. La inseguridad en la barriada también es un asunto que a veces asoma en las conversaciones que Osa mantiene con sus compañeros de universidad, que todavía no saben que ella vive allí.Con todo, Osa e Iye no reniegan de su barrio ni de la trascendencia que supone haber accedido a la universidad en medio de una inercia socioeconómica que no les ha frenado en sus propósitos. Han contado con el empeño inquebrantable de su madre. Ella les ha transmitido su inconformismo a la hora de que ningún prejuicio, ni racial ni social, las limitara. A Iye le hubiera gustado hacer Administración con Márketing, porque le interesa el mundo de los negocios y la banca, pero es una carrera que solo se cursa en la universidad privada y por eso se decidió por Derecho y ADE. “Es un poco duro, pero no me disgusta”, cuenta. Osa sacaba 10 en matemáticas, pero pronto constató que esa especialidad tenía pocas salidas. En la PAU no le dio la nota de corte para hacer Ingeniería Aeroespacial y empezó Ingeniería de Organización Industrial. Igual de peleona que su madre, este año se vuelve a presentar a la selectividad para tratar de cumplir su sueño.Aunque ya vuelan solas, María sigue pendiente de sus estudios y sabe perfectamente de lo que se examina cada una y se interesa por cómo llevan las materias. “Siempre les dije que tenían que mejorar, que superarse, y es lo que hacen. Estoy muy orgullosa de ellas. Bueno, de los cuatro”, puntualiza rápidamente.
De vivir en el barrio más pobre de España a estudiar ingeniería o derecho: el camino de Iye y Osa, de origen nigeriano, contra todo pronóstico
María Moses siempre tuvo claro que la educación era la única vía para que sus gemelas se labraran un futuro, pese a criarse en las Tres Mil Viviendas de Sevilla







