�lvaro Jim�nez, de 17 a�os, vive en Baeza (Ja�n) y tiene muy claro lo que quiere estudiar. Ha conseguido plaza en el doble grado de Estudios Ingleses y Estudios Franceses en C�diz. No solo ten�a claro qu� quer�a estudiar, sino tambi�n d�nde quer�a hacerlo: "Yo me quer�a ir lejos y, cuando pude elegir, quer�a irme a Tenerife", admite a EL MUNDO. Sin embargo, tras superar una de las pruebas acad�micas m�s decisivas para cualquier estudiante, la Prueba de Acceso a la Universidad, se encontr� con un obst�culo inesperado: el precio de la vivienda. "Estaba todo car�simo en Tenerife, pero car�simo", recalca. La imposibilidad de asumir el coste del alojamiento en el archipi�lago canario le oblig� a renunciar a ese destino: "Tuve que escoger C�diz", resume.Su otra alternativa era Catalu�a, aunque tambi�n la excluy� por motivos econ�micos. "Descart� Barcelona porque tengo una prima estudiando all� y se ha tenido que ir a vivir a Igualada porque no encontr� piso en la capital", explica. "Adem�s, tiene compa�eros suyos que tambi�n son de fuera y necesitan alrededor de una hora de transporte p�blico para llegar desde donde viven hasta la universidad", a�ade a su argumento de por qu� desech� la ciudad condal para estudiar.Cuando ya hab�a tomado la decisi�n de marcharse a C�diz, apareci� un nuevo problema. "Tras acabar la selectividad se me puso otro obst�culo por delante: encontrar piso asequible cerca de la universidad y dentro de C�diz", recuerda. Finalmente, reconoce haber tenido "la suerte de contar con conocidos que estudian all�" y que le han ayudado a encontrar un piso "relativamente c�ntrico y a buen precio", se�ala con la tranquilidad de que ya tiene alojamiento despu�s de una ardua b�squeda.No obstante, durante este episodio se top� con una realidad que no esperaba. "Al final voy a vivir con otros estudiantes, pero la otra opci�n que tuve era un piso con gente que ya est� trabajando y que, aun as�, no se puede permitir vivir por su cuenta", explica sorprendido. Esa experiencia le hizo tomar conciencia de la magnitud del problema. "Me hizo pensar que, si C�diz est� as�, que no es una ciudad con tanto movimiento como puede ser Madrid, no me quiero imaginar c�mo estar�n esos sitios", reflexiona. Una situaci�n que evidencia hasta qu� punto la crisis de la vivienda condiciona ya no solo a quienes buscan independizarse, sino tambi�n a quienes intentan acceder a la universidad.Seg�n el informe Datos y Cifras del Sistema Universitario Espa�ol del Ministerio de Ciencia, Innovaci�n y Universidades, en el curso 2023-2024 el 32% de los estudiantes que se matricularon se desplazaron a otra provincia para estudiar y el 19,1% cambi� de comunidad aut�noma. Ahora bien, la movilidad var�a notablemente seg�n el territorio. Navarra lidera el r�nking: cuatro de cada diez estudiantes matriculados en sus facultades procedieron de otra comunidad. En el extremo opuesto se situ� Baleares, donde solo el 4,2% de los alumnos lleg� de otra autonom�a. Madrid registr� un 31,2% de estudiantes de fuera de la comunidad, mientras que en Catalu�a el porcentaje descendi� al 10,7%, lo que significa que nueve de cada diez universitarios en la regi�n ese curso fueron catalanes.Ana y Carmen Bonilla tambi�n han hecho este a�o selectividad. Tienen 18 a�os, son mellizas, de Granada capital y est�n a las puertas de la universidad. El futuro de Ana, que sabe desde peque�a que quiere ser m�dica, depende de si consigue entrar en la Universidad de Granada. Aunque ha solicitado plaza en todas las instituciones andaluzas por si acaso, su �nica opci�n real es quedarse en su ciudad. Su hermano mayor Alejandro explica que la situaci�n de la vivienda condiciona por completo su decisi�n, "hasta tal punto que, como no puede irse fuera, si no entra aqu� se plantea hacer un grado superior de Medicina Nuclear y, desde ah�, acceder despu�s a Medicina". La raz�n es puramente econ�mica: "Mi familia no puede permitirse que se vaya fuera con los gastos que tenemos", justifica.Ana Bonilla y su hermana Carmen (al fondo), de 18 a�os, en su casa de Granada.Luc�a RivasAraba PressCarmen, por su parte, estudiar� Magisterio Biling�e y tiene la "suerte" de que, por su nota, podr� acceder a la facultad en Granada, por lo que no se ver� tan condicionada como su hermana. Aun as�, la incertidumbre sobre el futuro de Ana preocupa a toda la familia. "Si entrase en Medicina en otra provincia andaluza, no s� qu� har�amos. De primeras es un poco inviable enviarla a ning�n sitio, pero estudiar�amos la situaci�n y la ciudad. Si, por ejemplo, entrara en Enfermer�a -tambi�n ha solicitado esa carrera como opci�n- en Ja�n, a lo mejor, ajust�ndonos y haciendo cuentas, podr�amos hacer que estudiara all�. Pero la verdad es que es una situaci�n complicada", reconoce Alejandro.Pero esta situaci�n no es nueva en la familia granadina. Fue hace seis a�os cuando el propio Alejandro vio c�mo el elevado coste de la vivienda en Sevilla condicionaba su futuro acad�mico. Durante el instituto so�aba con convertirse en realizador de televisi�n porque quer�a "enfocar mi carrera profesional m�s hacia el �mbito audiovisual que hacia el period�stico". Ese objetivo pareci� acercarse cuando descubri� el doble grado de Periodismo y Comunicaci�n Audiovisual en Sevilla. "Vi la oportunidad de sacarme dos carreras en cinco a�os y me pareci� una muy buena opci�n", recuerda.El joven admite que dud� sobre el orden de preferencia de las titulaciones y que finalmente situ� en primer lugar Comunicaci�n Audiovisual en Granada y, en segundo, el doble grado de Sevilla. Sin embargo, por la ponderaci�n de las asignaturas de la PAU, obtuvo una nota m�s alta para la capital hispalense que para su ciudad. "Entr� en el doble grado, pero no en la carrera de Granada. Yo ya ve�a mi futuro en Sevilla, haciendo los dos grados al mismo tiempo, y la ciudad me atra�a mucho", explica."Mi familia no puede permitirse que se vaya fuera con los gastos que tenemos"Alejandro Bonilla, hermano mayor de Ana y Carmen.Pero todo ocurri� en 2020, en plena crisis provocada por la COVID-19. Su padre, que trabajaba en el sector tur�stico, se qued� sin empleo cuando la actividad se paraliz� por completo. "Entr� en el doble grado, pero cuando miramos los precios de los pisos de alquiler y el resto de gastos tuve que renunciar a la plaza porque eran absolutamente desorbitados y no pod�amos costearlos", relata. Opt� entonces por mantenerse en la lista de espera de Granada. "Tuve que renunciar a mudarme a Sevilla y arriesgarme a esperar. Al final entr� en octubre, cuando ya hab�an empezado las clases. Apur� hasta el �ltimo momento porque no ten�a un plan B", confiesa Alejandro."No deber�a existir ninguna persona que, por no poder pagarse una vivienda, no pudiese acceder a la universidad p�blica", sentencia Marta G�mez, directora de Relaciones Institucionales de CREUP (Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades P�blicas). "Siempre se ha visto a la universidad p�blica como un ascensor social que permit�a crecer a nivel social, profesional e intelectual, pero es un ascensor que se est� rompiendo", contin�a, "y se est� perdiendo mucho talento porque esas personas no pueden pagar los pisos donde est�n sus universidades", se�ala. CREUP denuncia en su informe Posicionamiento sobre Vivienda Estudiantil que, en zonas geogr�ficas con menor oferta acad�mica, los perfiles familiares medios o bajos sufren muchas m�s limitaciones al elegir sus estudios, mientras que los estudiantes que se trasladan a otras provincias suelen proceder de familias con mayor capacidad econ�mica para costear la vivienda. Estudiar fuera de la provincia implica un "sobreesfuerzo econ�mico para las familias que residen en provincias con menor oferta universitaria", ya que, si el estudiante quiere cursar lo que desea, tiene que mudarse."No deber�a existir ninguna persona que, por no poder pagarse una vivienda, no pudiese acceder a la universidad p�blica" Marta G�mez, directora de Relaciones Institucionales de CREUPEsto provoca una brecha de desigualdad entre quienes viven en una zona con mayor oferta universitaria y quienes residen donde esta es m�s reducida. Como resultado, el acceso a la amplia oferta formativa de comunidades m�s ricas, como Madrid o Catalu�a, se vuelve imposible para los estudiantes con menos recursos, quienes se ven forzados a aceptar opciones educativas locales o a enfrentar mayores tasas de abandono y estr�s acad�mico por la necesidad de compaginar los estudios con trabajos precarios para pagar un alquiler. "Ese no acceso al derecho a la vivienda est� provocando un no acceso al derecho a la educaci�n p�blica", afirma G�mez antes de concluir que las pol�ticas p�blicas y gubernamentales actuales no est�n haciendo lo "suficiente para paliar el problema de la vivienda en Espa�a, sobre todo la estudiantil", concluye.La crisis del alquiler tambi�n marc� la etapa universitaria de M�nica Poza. Ahora tiene 27 a�os, pero en su d�a decidi� estudiar Biolog�a. Aunque contempl� varias opciones dentro de Espa�a, limit� su elecci�n a universidades andaluzas y coloc� la Universidad de Ja�n en primer lugar por una cuesti�n estrictamente econ�mica. "Yo quer�a salir de casa, pero a nivel econ�mico eso no era una opci�n", explica.Durante el primer curso se desplaz� cada d�a en autob�s entre Baeza, su municipio natal, y Ja�n, donde se encontraba la instituci�n p�blica. Aunque los alquileres en la capital jiennense eran m�s asequibles que en otras ciudades espa�olas, a su familia le resultaba m�s barato asumir el coste del transporte que pagar un piso. "Les sal�a m�s econ�mico que fuese y volviese cada d�a", recuerda.M�nica Poza, 27 a�os, la crisis de la vivienda le afect� durante su etapa universitaria.Luc�a RivasAraba PressEn segundo de carrera consigui� mudarse a un piso con un alquiler asequible. Sin embargo, la situaci�n cambi� apenas un a�o despu�s. "En tercero subieron los precios de los alquileres en la ciudad y, por motivos econ�micos y personales, nos sal�a m�s barato que volviese a ir y venir cada d�a", aclara. Ese incremento del precio de la vivienda la oblig� a desistir de nuevo de vivir cerca de la universidad y a regresar a la rutina de los desplazamientos diarios entre diferentes municipios.El informe Perfil socioecon�mico del estudiantado universitario en Espa�a, del Ministerio de Ciencia, Innovaci�n y Universidades, muestra que el nivel socioecon�mico de las familias influye de forma directa en las oportunidades de los estudiantes. En el conjunto del alumnado universitario, independientemente de si se ha desplazado o no para cursar sus estudios, 43,7% de los progenitores desempe�an ocupaciones de nivel alto, el 39,9% tiene empleos de nivel medio y solo el 16,4% trabaja en puestos de nivel bajo.