Las patatas bravas son la tapa más socorrida en los menús tradicionales españoles. Se trata de un aperitivo sencillo, sin pretensiones: tan solo unas patatas con corte tosco, fritas y coronadas con la salsa que le da nombre al plato. Es aquí cuando este entrante se vuelve polarizante. Y es que, mucho se ha escrito y debatido sobre la naturaleza de la salsa brava. Si lleva o no tomate o mayonesa, o si debe o no picar, son algunos de los puntos de esta discusión. El grueso de restaurantes ya cuentan con una reinvención de este plato, una carta de amor o una oda a esta maravillosa tapa, pero nosotros te enseñamos cómo preparar la auténtica salsa brava en casa.
Para saber cómo preparar este plato es necesario echar la vista atrás y remontarse a sus raíces. El consenso es que las patatas bravas nacieron y se criaron en Madrid. Aunque su popularidad ha hecho que sea difícil de concebir un bar o una taberna que no las tenga en su carta, lo cierto es que son una invención relativamente moderna, de mediados del siglo pasado. El plato se extendió rápidamente, saltando de local en local hasta convertirse en un éxito nacional. Cuando llegó a Catalunya, se le añadió alioli, por lo que las patatas bravas acabaron por formarse por un matrimonio con esta salsa.









