El inicio del segundo cuarto del siglo XXI está marcado por tensiones geopolíticas, conflictos armados y una creciente polarización que debilitan la democracia y ponen en riesgo los derechos humanos. La paradoja de este tiempo es que vivimos hiperconectados y con acceso al mayor volumen de información que se ha producido en la Historia, pero cada vez estamos más desinformados, atrapados en una maraña de manipulaciones, mentiras y ficciones. Este contexto global impacta a Iberoamérica y, en particular, a los países de América Latina, que enfrentan problemas estructurales traducidos en altos niveles de pobreza y desigualdad. Según la Comisión Económica para América Latina y el Cariba (CEPAL)), las brechas en materia de salud, educación, empleo y protección social mantienen a estos países sumidos en una trampa que crea un caldo de cultivo para la desesperanza, especialmente en las generaciones más jóvenes.Las juventudes de la región representan cerca del 25 % de la población total: una de cada cuatro personas es adolescente o joven, según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas en 2019. Ante su relevancia demográfica y su rol como agentes de cambio, los países iberoamericanos impulsan políticas para ampliar las oportunidades educativas, laborales y de inclusión social de esta población. Sin embargo, los avances son insuficientes. La expansión de la educación secundaria en estos países no ha estado acompañada de calidad, ni ha garantizado que los adolescentes y jóvenes finalicen sus estudios y logren una inserción laboral efectiva. Según un estudio de la CEPAL y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), la inserción laboral juvenil es precaria y aún más crítica en las mujeres jóvenes, pues registran mayores tasas de desempleo. Además, los problemas de inclusión social vinculados a los contextos socioeconómicos y a las redes de apoyo persisten. A dichos problemas se agregan debilidades institucionales, la falta de continuidad de las políticas, la poca articulación entre los actores y una gobernanza frágil.Nuevas generaciones y ciudadanía en el siglo XXI Las juventudes de la región muestran una creciente desafección democrática. Encuestas como el Latinobarómetro (2024) y el Open SocietyBarometer (2023) revelan que, aunque no rechazan la democracia, presentan bajos niveles de confianza en sus instituciones. Los organismos internacionales alertan sobre la necesidad de dar mayor protagonismo a los jóvenes en la toma de decisiones políticas y sociales. Sin embargo, su participación en estos ámbitos sigue siendo limitada, en contraste con su movilización para las causas colectivas y su implicación en formas no convencionales de hacer política. Por otro lado, aumenta la preocupación por la salud mental de los adolescentes y jóvenes que han crecido en un contexto de disrupciones continuas, marcado por la revolución digital y la inteligencia artificial. El psicólogo social estadounidense Jonathan Haidt se refiere a la “generación ansiosa” para describir a la generación Z, expuesta intensamente a las redes sociales y una alta presión social.En este escenario, el futuro de la región depende en gran medida de las oportunidades que hoy seamos capaces de brindar a las nuevas generaciones para participar activamente en sus entornos y como ciudadanos globales. La alfabetización crítica, entendida como la capacidad de analizar, cuestionar, discernir y tomar decisiones informadas, es esencial en un ecosistema digital cada vez más complejo. La educación: punto de inflexión para las nuevas generacionesLa educación secundaria es crucial para el futuro educativo, laboral y social de los jóvenes. No obstante, la mayoría de los sistemas educativos latinoamericanos enfrentan serias dificultades para garantizar que los estudiantes, especialmente de contextos vulnerables, culminen ese nivel educativo, y registran altas tasas de abandono escolar.A esto se suma una persistente crisis de aprendizaje. Los resultados del informe PISA muestran que gran parte de los estudiantes latinoamericanos de 15 años no adquiere las competencias básicas de lectura, matemática y ciencias. Esto refleja trayectorias educativas inequitativas, prácticas pedagógicas inadecuadas y rezagos estructurales en los aprendizajes. Este contexto exige respuestas urgentes y profundas que pongan a prueba los sistemas educativos de los países, sus políticas, prácticas y culturas institucionales. Afrontar los desafíos de las nuevas generaciones desde la educación y la cooperación permite identificar al menos cuatro líneas de acción.La primera sería poner el foco en los aprendizajes básicos, el pensamiento crítico y la creatividad. La educación secundaria debe consolidar las competencias de lectura y matemática, y el pensamiento científico y tecnológico, lo que exige docentes competentes, liderazgos sólidos y entornos favorables. En la región destacan experiencias en educación STEAM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas) que promueven el pensamiento crítico, la creatividad y la resolución de problemas desde la interdisciplinariedad, lo que pone de relieve su potencial innovador.La segunda tiene que ver con el impulso de la transformación digital y la inteligencia artificial como factores estratégicos para ampliar las oportunidades de aprendizaje y asegurar la permanencia y reinserción educativa de los jóvenes. Estas herramientas permiten personalizar los aprendizajes, identificar tempranamente a estudiantes en riesgo y diseñar estrategias de apoyo. Al respecto, la OEI y Profuturo advierten sobre la necesidad de garantizar su uso equitativo ante el riesgo de que las brechas se profundicen por las disparidades en el acceso a la infraestructura y conectividad en estos países. Otra línea de acción sería reivindicar el bienestar socioemocional de los adolescentes y jóvenes situándolos en el centro del proceso educativo, fomentando su autonomía, su autorregulación y el cuidado de su salud emocional. Algunas consultas realizadas por la OEI a estudiantes en el contexto posCovid-19 en 2021 y sobre el cambio climático en 2025 evidencian altos niveles de ansiedad.Finalmente, habría que escuchar las voces de las nuevas generaciones y promover su participación real. La construcción de una ciudadanía activa y democrática exige experiencias educativas que fomenten el diálogo, la capacidad crítica y la postura ética de los jóvenes frente a los problemas sociales. Iniciativas como “You Decide” y “GeneraZion diálogos” muestran su potencial y la importancia de crear espacios participativos desde las propias culturas juveniles. En esta línea, Iberoamérica en Democracia, impulsada por la OEI, promueve la defensa de la democracia y el debate público con el foco en los jóvenes.Avanzar con pasos firmes requiere esfuerzos articulados. Solo así será posible revertir trayectorias marcadas por la desigualdad y garantizar una educación con propósito que permita a las nuevas generaciones ejercer una ciudadanía democrática.
Desafíos de las nuevas generaciones en Iberoamérica: aportes desde la educación y la cooperación
Varias encuestas señalan que las juventudes de la región muestran una creciente desafección democrática








