El profesor Levitsky, célebre profesor de Harvard y autor del superventas Cómo mueren las democracias (Levitsky et al., 2018), profirió lo siguiente en una conferencia magistral a la que fui invitado en 2025 en la Universidad Cornell: “A pesar del contexto internacional desfavorable, las democracias persisten”. Esta frase debería tenerse en cuenta en todos los análisis sobre la crisis actual de la democracia y los procesos que han venido a denominarse de autocratización, a fin de no caer en el tipo de fatalismos que hoy prolifera y que capta más fácilmente la atención de las audiencias.
Las democracias están en crisis, sí. Pero esta crisis no supone una teleología negativa que conduce a la inexorable caída de un régimen democrático tras otro —al igual que la afirmación de Fukuyama del fin de la historia no implicó un avance ininterrumpido de los procesos de democratización (Fukuyama, 1992) en el mundo—. Esta crisis, según V-Dem, una de las tres organizaciones cuyos indicadores sobre calidad democrática son más reconocidos —junto con Freedom House y The Economist—, se asocia con tres fenómenos.











