La devoción por Indio Solari no puede entenderse solamente como un fenómeno circunscripto a su dimensión artística. Reducirla a una cuestión de identificación y fanatismo sobre el ídolo y su música sería quedarse en la superficie. La “religiosidad” de sus fieles se transforma casi en idolatría. En parte, esa devoción se explica por el vacío, y consecuentemente el fracaso de la política, para expresar, contener y traducir las angustias y sueños profundos del pueblo. Allí donde la política dejó de hablar el lenguaje del dolor colectivo, otros ocuparon ese lugar: la música, la poesía, el recital, la liturgia ricotera, la comunidad afectiva construida alrededor de una voz que parecía nombrar algo que muchos sentían, pero no podían formular del todo. El Indio, como figura simbólica, no aparece solo como cantante: aparece como depositario de una sensibilidad social huérfana de representación política. Cuando una multitud se reconoce en una canción, en una frase, en un gesto o en una memoria compartida, no está simplemente celebrando a un artista. Multitud muy diversa, social y políticamente, que se abraza al Indio queriendo construir, aunque sea de modo fragmentario y emocional, una comunidad de sentido. Está buscando una forma de pertenencia nacional. Eso revela una carencia: si la política hubiera sido capaz de expresar las angustias, los problemas y las esperanzas del pueblo, tal vez esas energías no habrían necesitado concentrarse de manera tan intensa en figuras culturales.
Indio Solari: una devoción popular que habla de vacíos
Este fenómeno de idolatría popular es “el depositario de una sensibilidad social huérfana de representación política”, dice el autor. Hace falta una figura o un ideario capaces de "orientar esa energía, que rompa la destrucción nacional en la que estamos sumergidos”.










