Maite GutiérrezBarcelona 08/06/2026 19:02 Actualizado a 08/06/2026 19:24 Más pasajeros y billetes más caros. Los aviones de todo el mundo siguen llenándose pese a la guerra en Oriente Medio y las aerolíneas esperan alcanzar un récord de viajeros esta temporada de verano, cobrando muy por encima del año pasado. Pero a las compañías no les salen las cuentas. Temen ganar la mitad de lo previsto este 2026 y continúan recortando rutas poco eficientes, en Europa, Asia y Estados Unidos, con la actividad en los grandes centros aeroportuarios del golfo Pérsico prácticamente parada.La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) ha puesto cifras al impacto del conflicto con Irán y los continuos vaivenes del precio del petróleo, que hoy volvió a subir las bolsas en una montaña rusa con las aerolíneas como una de las principales víctimas. IAG retrocedió este lunes un 1,70% en el parquet, Air France-KLM se dejó un 1,99% y Lufthansa otro 1,85%.Las compañías continuarán recortando vuelos tras el verano si el combustible se sigue encareciendoLa entidad que preside Willie Walsh calcula que el beneficio neto del sector caerá de los 45.000 millones de dólares estimados antes de la escalada de los ataques a unos 23.000 millones. La rentabilidad se reduce así prácticamente a la mitad, de un 4,2% al 2%, en una industria que moverá por primera vez más de 5.000 millones de pasajeros este año y que hasta hace apenas unas semanas esperaban encadenar otro ejercicio histórico en resultados.Lee tambiénNo será así, ha apuntado Walsh desde Río de Janeiro, donde la IATA celebra su asamblea anual. “Las aerolíneas sufrirán la crisis a través de precios más altos, mayores costes y una reconfiguración de sus redes”, advirtió. A diferencia de lo ocurrido durante la pandemia, la amenaza no consiste en un desplome de la demanda, aunque gigantes como Ryanair han advertido de una ralentización de las reservas por la incertidumbre que genera la situación geopolítica entre los consumidores. El problema ahora está en que volar se ha vuelto mucho más caro.El precio del queroseno para aviación sigue disparado y amenaza con añadir cerca de 100.000 millones de dólares de costes adicionales a las compañías. “Los márgenes son claramente mínimos”, ha añadido Walsh en una comparecencia retransmitida por streaming . A ello se añade una flota de aviones envejecida por los continuos retrasos en la entrega de aviones de los fabricantes Boeing y Airbus, que la industria cifra en 18.000 aparatos. Según el director general de IATA, la flota actual es menos eficiente y la media de edad de los aviones supera los 15 años, récord histórico. A ello se añade el coste del Sistema de Comercio de Emisiones de la Unión Europea (ETS), del que las principales aerolíneas del continente pidieron ayer una revisión.Europa se encuentra entre las regiones más expuestas. El continente importa alrededor del 60% del combustible de aviación que consume y más de un tercio procede de Oriente Medio. La dependencia energética no alcanza los niveles que tuvo el gas ruso antes de la invasión de Ucrania, pero vuelve a poner de manifiesto cómo una crisis geopolítica se traslada rápidamente a los balances empresariales.Lee tambiénAunque los grandes grupos aéreos cuentan con coberturas de precio del entorno del 70% para este año, el tiempo se agota y la tensión en Oriente Medio no baja de nivel. El escenario es altamente volátil. De ahí que las aerolíneas estén subiendo precios de forma general. El análisis de IATA indica que los ingresos por billetes de avión han aumentado un 7%, mientras que el tráfico aéreo crece menos, un 2,1%.Aun así, la industria aérea está haciendo un ejercicio de contención para no trasladar todo el sobrecoste del fuel al precio final. ¿Cuánto durará? Fuentes del sector auguran mayores subidas después del verano si el conflicto persiste, además de nuevos recortes de rutas poco eficientes, como ya han hecho Lufthansa y las aerolíneas turcas. Las compañías de menor tamaño y muy endeudadas difícilmente superarán –advirtió Walsh– este desafío.Periodista. Ha desarrollado gran parte de su carrera en La Vanguardia, donde ha cubierto las áreas de Educación y Universidades, Política y, ahora, Economía. Licenciada en Ciencias de la Información y Postgrado en Estudios Culturales