Los grandes proyectos suelen comenzar con una idea. En el caso de Don Domingo, comenzaron con una sensación. Cuando Oscar Velázquez y Marcelo Aveldaño llegaron por primera vez al histórico edificio donde hoy funciona el bodegón, sintieron que estaban frente a algo más que una propiedad: era un lugar con identidad propia, cargado de historia y profundamente ligado a la memoria colectiva de la región. Construido en 1901, el edificio acumula más de 120 años de vida y fue escenario de encuentros, historias y generaciones que marcaron la identidad del Alto Valle. Por eso, el objetivo nunca fue crear un emprendimiento desde cero, sino recuperar un espacio emblemático y devolverle el protagonismo que alguna vez tuvo dentro de la comunidad. Hoy Don Domingo funciona como bodegón y ofrece una propuesta gastronómica basada en cocina casera, sabores tradicionales y productos de calidad. Abre sus puertas de martes a sábado al mediodía y por la noche, además de los domingos al mediodía. Entre las especialidades más elegidas se destacan las pastas de elaboración propia, una amplia variedad de milanesas y un flan casero que se convirtió en uno de los favoritos de los comensales.

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