Tras semanas de asombro y decepción, meses de incertidumbre y crispación electoral y ya varios años de fatigante polarización, la visita del Papa León XIV a España parece estar consiguiendo una pausa a ese ruido o, al menos, una ligera bajada de presión. Los mensajes que está dejando el Papa, seguidos en directo por millones de españoles, son compartidos por una inmensa mayoría de ciudadanos y apelan a lo mejor de la persona y de la sociedad. La España de todos los colores ha parado unos días a alzar la mirada. Que continúe elevada tanto como sea posible.