Hay algo que Pelé, Zidane, Maradona, Cristiano Ronaldo y Lionel Messi tienen en común y que muy pocas figuras poseen, y es que son reconocidos mundialmente, sin importar el idioma, la edad ni la ubicación geográfica de quien los nombra.
El futbol crea mitos y construye héroes, villanos y narrativas capaces de atravesar generaciones enteras. En esa tradición, el equipo termina convirtiéndose en una especie de literatura colectiva en tiempo real, donde el nombre que aparece en la espalda de la camiseta pesa, a veces, más que la propia camiseta.
Eso es exactamente lo que reveló un estudio elaborado por Goo, una plataforma analítica de audiencias que permite comprender el comportamiento y los intereses del público.
Para las audiencias, y según el análisis, la conversación mundialista no gira en torno a las selecciones por sí mismas, sino que se enfoca en las figuras representativas. Los jugadores funcionan como marcas emocionales que arrastran una conversación propia.
Desde la perspectiva de la socióloga y coordinadora académica de la Universidad Rafael Landívar Susana Gómez, la identificación con un jugador trasciende fronteras porque no depende de la geografía, sino de la narrativa.











