En 2025 se declararon 648 huelgas en España y 443.453 personas dejaron en algún momento de trabajar para defender sus derechos como trabajadores y trabajadoras. La cosa va a más y la llamada conflictividad laboral ha pegado un acelerón en los primeros cuatro meses de 2026: según los últimos datos del Ministerio de Trabajo, hasta el pasado 30 de abril, el número de personas trabajadoras en huelga fue de 302.757 frente a las 89.399 del mismo período de 2025. El pasado año ya se disparó el número de huelguistas con respeto al anterior, aunque en ningún momento se ha superado el umbral del 2% del número total de trabajadores.PublicidadEste aumento de la conflictividad laboral no es nuevo: viene sucediendo desde la pandemia. En un contexto de fuerte crecimiento económico y de creación de empleo, hay quien todavía se sorprende por este dato y se pregunta si en pleno siglo XXI las huelgas, concebidas a finales del siglo XIX para parar la producción, siguen siendo una herramienta útil y eficaz para los trabajadores en las sociedades occidentales de hoy en día, cada vez más volcadas en los servicios y menos en la producción.Antes de responder a esa pregunta, Javier Pacheco, secretario confederal de Acción Sindical y Transiciones estratégicas del sindicato Comisiones Obrera (CCOO), pone las cartas boca arriba y recuerda que la huelga "es un derecho fundamental inalienable". Entrando en harina, este dirigente sindical lo tiene claro: "La huelga sigue siendo el instrumento jurídico útil para equilibrar las relaciones laborales en todo el mundo". Aunque la legislación española sobre la huelga es un poco antigua y está basada en un real decreto de 1977, los grandes sindicatos destacan que el derecho de huelga en España está "suficientemente protegido". Las reivindicaciones sindicales ponen más el foco en la regulación de los servicios mínimos, auténtico campo de batalla con la patronal. "Más allá de eso, parece que el derecho de huelga en España funciona razonablemente bien", explica Fernando Luján, vicesecretario de Política Sindical de la Unión General de Trabajadores (UGT). Luján comparte la visión de Pacheco sobre la utilidad de las huelgas, aunque introduce un matiz: "Sigue siendo una herramienta estratégica para el movimiento obrero, otra cosa es que este instrumento se tenga que adaptar a los nuevos tiempos".PublicidadA guisa de ejemplo, Luján cita una reciente sentencia del Tribunal Supremo favorable a los intereses de los trabajadores sobre el esquirolaje tecnológico o, dicho de otro modo, sobre la sustitución de trabajadores en huelga por recursos técnicos, automáticos o materiales implementados por las empresas. "Es obvio que, ante los avances tecnológicos y las nuevas formas de prestar servicios, la huelga se tiene que adaptar y combinarse con otro tipo de movilizaciones que sean una extensión de la huelga y una especie de boicots a las empresas", insiste el dirigente de UGT."Siempre tendemos a comparar el estado de la conflictividad con algún momento muy concreto de la historia contemporánea de nuestro país, pero ahora el contexto histórico es muy diferente", tercia Javier Pacheco. El dirigente de CCOO hace referencia al período de la transición, a la década de los años 70 y 80 del siglo XX, cuando el modelo productivo y de relaciones laborales era distinto. Pese a eso, el dirigente de CCOO sostiene que "la huelga sigue siendo un elemento de equilibrio útil para desencallar las arbitrariedades empresariales".Desde el ámbito académico y en una línea similar a la de los sindicalistas, Begoña Cueto, catedrática de Economía Aplicada en la Universidad de Oviedo y experta en el mercado laboral, coincide con los representantes sindicales en que "la huelga sigue siendo un instrumento de presión importante". Sin embargo, Cueto introduce un factor cultural: "También vivimos en un mundo cada vez más individualista, donde es más complicado que haya un seguimiento importante de las huelgas", abunda la profesora. PublicidadAl individualismo apuntado por Cueto, David Luque, profesor de Sociología en la misma Universidad de Oviedo y autor de una reconocida tesis doctoral sobre las huelgas (Las huelgas en España. Intensidad, formas y determinantes), añade otras dos razones que explican cómo las huelgas "han cambiado en las últimas cuatro o cinco décadas". La primera clave para entender ese cambio, apunta el profesor asturiano, es asumir que ha habido "un cambio en la estructura ocupacional". "La huelga antes era un instrumento del trabajador industrial, su repertorio clásico de protesta", señala Luque. Para ilustrar sus palabras, recuerda las masivas huelgas de los mineros asturianos en las décadas de los 60, 70 y 80 del pasado siglo. Eran huelgas masivas que contaban con mucho apoyo social. "Al caer el empleo minero, el núcleo duro de las huelgas en Asturias se ha reducido, o ha desaparecido como las minas", ilustra Luque. La defensa de los servicios y del Estado de bienestar se configura también como un motor que ha impulsado la llamada conflictividad laboral"En el imaginario colectivo de muchísima gente la huelga se entiende dentro de lo que era el modelo industrial, pero hace ya muchísimo tiempo que en España eso ya no sucede, desde los procesos de deslocalización y sobre todo de desindustrialización con la grandes huelgas de los años 80 en Sagunto o en Reinosa", corrobora Marga Ferré, analista política vinculada al sindicalismo y directora del think tank Transform Europe!. Luque apunta una segunda clave, igualmente importante para explicar esta evolución: la globalización de los mercados económicos. "Antes la huelga era un instrumento de lucha en las economías nacionales. No había la competencia internacional de ahora, y eso desactiva un poco las huelgas, sobre todo en el sector privado". Defensa de los servicios públicosCon un sector privado en retroceso, es el sector público el que toma el relevo y el que explica en buena medida el repunte de las huelgas en los últimos años. Los datos del Ministerio de Trabajo certifican que en 2025 el 66,8% de las personas que participaron en una huelga lo hacían en el sector público. "Lo que estamos viendo ahora, claro, es que queda el reducto del sector público. Lo vemos con los médicos o en València con los profesores", apunta Luque. De hecho, las estadísticas del Ministerio de Trabajo indican que en los dos últimos dos años los sectores que más han ido a la huelga han sido la educación y la sanidad. La defensa de los servicios y del Estado de bienestar se configura también como un motor que ha impulsado la llamada conflictividad laboral en los dos últimos años. Frente a una derecha que acusa a los profesores en huelga de ser meros "agitadores políticos", Javier Pacheco se revuelve: "Las condiciones materiales de vida también son una condición política".Javier Pacheco (CCOO): "Las condiciones materiales de vida también son una condición política"En este sentido, Marga Ferré concede que "en España, en Portugal y en Italia, las huelgas, sobre todo las generales, tienen un carácter muy político". "Las huelgas tienen un doble carácter: laboral y sociopolítico como nítidamente tiene la de los profesores en el País Valencià, que es denunciar la situación de la educación pública en ese territorio. La huelga se configura así herramienta imprescindible que cambia su sentido a medida que la lucha de clases también cambia la forma en la que la gente entiende que es más útil desarrollarla", añade Marga Ferré.PublicidadPero hay otro factor de fondo para que los trabajadores del sector público se movilicen más: la seguridad de que no van a perder su trabajo. "La temporalidad también te hace más complicado participar en una huelga o al menos incita menos a seguirla, precisamente por ese miedo a las represalias", señala Begoña Cueto. Los datos de Trabajo confirman estas palabras de Cueto: de los 302.757 que han participado en una huelga en 2026, 213.722 tienen un contrato indefinido; el resto tiene contratos temporales o parciales. "Ese es el verdadero objetivo del contrato temporal", apostilla Marga Ferré.En este sentido, Ferré arremete con dureza contra una derecha y una ultraderecha que quieren implantar "la falsa narrativa que criminaliza la huelga". "La estrategia es meter miedo a la gente trabajadora para no ejerza su derecho a la huelga". A modo de conclusión, Ferré recuerda que diversos estudios demuestran que después de una huelga general, "se incrementan tanto la protección como los salarios y los servicios públicos". Por eso concluye que la huelga "no debe ser un fin en sí misma sino un instrumento a medida de las necesidades de la gente trabajadora".