Hay frases que, de puro acertadas, se convierten en refranes; o por lo menos, en alguno de sus muchos familiares y reflejos, que los amantes de la palabra buscaban antes —y algunos seguimos buscando— en tesoros como el Diccionario de sinónimos de María Moliner, el de García-Molins y el de Roque Barcia. A veces, ni siquiera tenían la intención que se les achaca; a veces la adquieren con el paso del tiempo, y tampoco es raro que pierdan sutilezas por el camino. Seguro que esta les suena: “Con la Iglesia hemos dado, Sancho”, donde el dado acabó en topado. Nació en el capítulo IX de la segunda parte del Quijote y, a base de utilizarse en el sentido que todos conocemos, se tiende a olvidar que es un asunto de chasco y sorna, nada más. A fin de cuentas, el caballero de la triste figura (definición procedente del libro III del Clarián de Landanis, de Jerónimo López) no andaba esa madrugada con ganas de filosofar sobre el clero, precisamente; sólo intentaba localizar el palacio de Dulcinea, creyendo que podía estar “despierta” a esas horas.
Si Cervantes hubiera querido decir algo diferente, lo habría dicho. Su obra es abiertamente crítica y, desde luego, sabía todo lo que había que saber de los poderes de la época, Iglesia incluida. A diferencia de nosotros, él no tenía que leer —por ejemplo— La economía en la España moderna (Alfredo Alvar Ezquerra), Las clases sociales en la España del Antiguo Régimen (Antonio Domínguez Ortiz) o Iglesia y Estado en la España del siglo XVII (Quintín Aldea) para entender lo que pasaba. Lo sabía y lo sufría y, en consecuencia, no le habría importado que su frase adquiriera el matiz actual. Pero, desde mi punto de vista, lo que Cervantes hizo fue más subversivo: por el sencillo procedimiento de enfrentar el “bulto grande y sombra” del edificio eclesiástico al bello “alcázar” de su mujer deseada (“de oídas”, por cierto), consigue que simpaticemos con cualquier cosa menos con la Iglesia en cuestión. Y como no le parece suficiente, enzarza a Quijote y Sancho en una discusión inmobiliaria, donde habría hasta inmatriculaciones si no fuera porque el tema sigue siendo ella.














