No suceden grandes cataclismos en las novelas de Eva Moreda. Su trama, tenue como tenue es la trama de la vida, no depende de giros sensacionalistas ni de hallazgos truculentos. Tampoco de protagonistas decisivos en episodios históricos de cartón piedra. Su prosa atmosférica, en tono menor, cuidadísima, levanta un mundo cotidiano y, así, preñado de extrañeza. El crítico Javier Gómez habló de “poética del anticlímax”. Las distancias -físicas, emocionales-, los opacos lazos familiares, la entrada en la vida adulta, el amor como pasión pequeña e inexplicable, las servidumbres existenciales del trabajo inevitable, puntúan Hortensias, camelias, palmeiras (en gallego, Aira, 2025) y Conventículo (en gallego, Aira, 2026), sus dos últimos libros. Conforman la mitad de una serie -serán cuatro títulos en total- situada entre la Galicia del norte y Gran Bretaña y cuyo personaje central se llama Teresa y estudia para dedicarse a la música.

Moreda (1981), asturiana de nacimiento -aun en zona de habla gallega, A Veiga- pero criada en Galicia desde los tres años, es profesora de musicología en la Universidad de Glasgow (Escocia). Más allá de la espinosa y ubicua etiqueta de autoficción, las coincidencias no son, obviamente, casuales. “A poco que alguien sepa de mi vida, es inevitable asociarla con mi obra”, admite en conversación con elDiario.es, “pero lo importante es que yo quería hablar de temas que conozco bien y, a partir de ahí, trabajar en las atmósferas, en los puntos de vista. No quería perder la concentración buscando documentación”. Lucián es el nombre que, en las novelas, adopta la villa de A Mariña donde Teresa forma parte del coro, estudia en el instituto al tiempo que se forma como pianista y de donde parte hacia Europa a la procura de salidas primero académicas y después profesionales.