Mariana Eva Perez s hija de desaparecidos. No se trata de un dato menor: es un rasgo constitutivo de su identidad. Consciente de ello, escribe novelas cuyos protagonistas son los "hijis", como llama a esa cofradía de pares. Pero, en sus historias, esos personajes no llevan vidas romantizadas, solemnes ni intachables. Viven pasiones, son erráticos y se equivocan una y otra vez, como cualquiera. Y, según esta cronista, tienen más derecho que muchos a meter la pata. “La apuesta realmente fue a eso a cómo seguir hablando de algo que sigue insistiendo, que persiste que no se fue, que aparece y desaparece. porque esa es la forma de lo espectral de presentarse y que, sin embargo, no puede seguir siendo dicho con las mismas palabras porque me parece que ha perdido potencia y capacidad de interpelar a nuevas audiencias”, explicó la autora en diálogo con PERFIL. En su reciente trabajo, Constanza y Matute (hacen la porquería), la autora apela algo aun más inusual, su propuesta es una novela erótica de alto voltaje, verdadera, como intenta ser el porno que se denomina post porno. Seres no hegemónicos, erráticos, con performaces sexuales torpes y con mucha carga de deseo.

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