La primera novela de Mariana Eva Pérez está narrada con un lenguaje sin eufemismos y es una historia erótica, pero también política y con enigmas de un policial.Constanza es antropóloga forense y es hija de desaparecidos. Fue criada por su abuela, se quedó sola en la adolescencia y viaja mucho porque trabaja en todo el mundo buscando recuperar restos humanos. Acaba de regresar a Buenos Aires después de terminar, de mala manera, una misión en México. El mundo ya no es lo que era y las ideas de ultraderecha avanzan y ponen en riesgo años de trabajo. Su nueva tarea la conduce a la búsqueda de otro hijo de desaparecidos, alguien que se niega a saber sobre su pasado, que tiene una discapacidad física que será central en la historia, y con quien va a iniciar una relación apasionada y tormentosa que la lleva a dar con una clave que le dictan los huesos ajenos con los que trabaja. Esa clave, una herida que no cierra, es que tener sexo “con alguien como ella es lo más cerca que va a estar de encontrar a los padres”.Este es un posible resumen de la idea alrededor de la cual gira Constanza y Matute (hacen la porquería), la primera novela de Mariana Eva Pérez publicada por Emecé, que cuenta con muy buen ritmo y sin solemnidad un romance de comedia y drama con enigmas de un policial, cruzado por preguntas y cuestionamientos acerca de un pasado violento y un presente que sigue sin dar todas las respuestas. PUBLICIDADNarrada con su distintivo humor negro, pleno de cinismo e ironía, Mariana trabajó esta vez como recurso una lengua permeada por el lunfardo y viejas formas del castellano porteño (los protagonistas fueron criados por sus abuelos, tuvieron una educación fechada en una generación anterior). Así, consigue ir más allá de su ya clásico diccionario de “hijis” o el “temita”, y se atreve a contar el sexo y el encuentro de los cuerpos sin eufemismos, aventurándose al lenguaje vulgar de la intimidad, con diálogos y escenas “chanchas” entre dos adultos que fueron víctimas infantiles, náufragos de la dictadura que comparten el trauma y los fantasmas de un pasado que no vivieron.Mariana Eva Pérez (1977) es politóloga por la UBA, doctora en Literatura Románica por la Universität Konstanz, de Alemania, investigadora del Conicet (estudia las producciones culturales de infancias afectadas por el terrorismo de Estado) y escritora. Tenía 15 meses cuando la secuestraron junto con su madre, Patricia Roisinblit, quien estaba embarazada de 8 meses (su hermano Guillermo nació en cautiverio y fue identificado y restituido en 2004). Ese mismo día, horas antes, habían secuestrado a su padre, José Manuel Pérez Rojo. Ambos eran militantes montoneros y siguen desaparecidos. Luego de unas horas, a Mariana la dejaron en casa de unos primos. Fue criada por sus abuelos paternos, sobre todo su abuela Argentina, que enviudó temprano, y su abuela materna fue Rosa Tarlovsky de Roisenblit, la vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo.PUBLICIDADMariana es activista y una personalidad vibrante en las redes sociales, conocida sobre todo a partir del blog Diario de una princesa montonera y luego por los libros con ese título que reprodujeron los posteos, pensamientos y reflexiones irreverentes sobre su experiencia de vida y su activismo en los organismos de derechos humanos. Es autora del ensayo Fantasmas en escena. Teatro y desaparición y de las obras de teatro Instrucciones para un coleccionista de mariposas, Ábaco, Peaje y ANTIVISITA/Formas de entrar y salir de la ESMA.Desde hace menos de un año Mariana vive con su familia en Berlín. Por estos días llegó a Buenos Aires para asistir a un seminario y presentar su novela erótica y política. Es domingo al mediodía y el sol regala emociones de otra estación. Estamos tomando café en un bar del Villa Crespo que se autopercibe Palermo y conversamos acerca de la cocina y los orígenes de Constanza y Matute, una historia con enorme potencial para ser trasladada al cine y a las plataformas. Una historia que su autora sabe que todavía no terminó.PUBLICIDAD"Constanza y Matute (hacen la porquería" fue publicada por Emecé.— Voy a empezar por hacerte una pregunta rara y aunque sabemos que vos incomodás siempre con tu literatura, espero que esto no te incomode. — Bueno. — ¿Te acordas de quién te habló de sexo por primera vez, quién te explicó cosas sobre el tema? — Sí, mi abuela Argentina. Cuando yo era adolescente, sobre todo, yo podía preguntar y ella me contestaba bastante abiertamente. Y, después, también... Pero eso duró hasta que tuve un novio. Cuando tuve un novio, fue raro, ella se dio vuelta. Se asustó, no sé, le agarró como una prevención... PUBLICIDAD— ¿Qué edad tenías entonces? — Yo era muy chica cuando tuve mi primer novio. Tenía 16. — Bueno, no tan chica.— No tan chica, pero al año siguiente ya me fui. Me fui chiquita de mi casa con este novio. No había terminado la escuela.PUBLICIDAD— Sí, claro, para todo eso eso sí eras chiquita. — Se me hizo insostenible la relación de pronto por eso, porque algo a esta abuela que hasta entonces a quien yo le podía, no sé, si me daban un preservativo en la escuela y yo lo traía y le hacía un chiste, se lo mostraba y nos reíamos y lo guardaba en el cajón. Y recuerdo decirle tipo, “¿podés chequear en el cajón, ja, ja, ja?”. Y ella se reía conmigo, hasta que apareció la posibilidad real, ¿no? PUBLICIDAD— ¿Ella era viuda? — Ella era viuda. — La traicionaste.— Claro, la traicioné. Y quedó solita, re perdida. Y al poquito tiempo ella también empezó a ir a Abuelas. Entonces, como que encontró otro sentido. El sentido de su vida era criarme a mí y de pronto, supongo yo, porque nunca lo pudimos hablar realmente, fue realmente un momento muy tenso que yo tuviera una sexualidad más activa. Era algo que le ponía fin a esa tarea de crianza, algo así. Y ahí fue muy loco, pero de pronto me pude apoyar más en Rosa, mi abuela materna. Algo que hasta ese momento no pasaba. Era muy difícil la relación con ella y de pronto, en ese momento quizás vio la brecha, me vio peleada con la otra. PUBLICIDAD— Ellas no se llevaban bien entre ellas.— Se llevaban pésimo, competían un montón, me hicieron la vida imposible. — ¿Competían por tu amor? — Sí, sí. Me hicieron la vida muy imposible, tipo boludeces.— No está tan mal igual, ¿no? Que compitan por el amor de una. — Sí, pero no sé, cuando sos nena es triste, como raro. Rosa me quería llevar a Disney, Argentina decía que no. Ese tipo de cosas. PUBLICIDAD— Entiendo, pero viniendo de lo que vos venías, pensar que haya habido dos abuelas peleando por tu amor... — Ninguna de las dos tenía a nadie más. Mi mamá era hija única, mi papá era hijo único, ¿entendés? Como que yo quedé ahí, en el foco, en la disputa. Y bueno, me interesaba mostrar algo de eso en la novela, como esa energía un poco mal puesta en nosotros, que es una relación impuesta además, eso hay que rescatarlo. — Eso es algo que me gusta mucho de la novela, que es la de parte de una generación de pibes criados por los abuelos y los efectos de esa educación en los gustos, en el lenguaje, en los hábitos. La novela tiene mucho de eso. — Yo quería hablar de eso. Cuando terminé la revisión corregida y aumentada del Diario de una princesa montonera, me quedé pensando que que lo próximo que iba a escribir tenía que tener que ver con mis abuelos, pero no sabía de qué forma. Probé otras cosas, incluso. Así fue el posteo de Mariana cuando murió su abuela Rosa.— ¿Cómo qué? — No sé, como algo que hablara más directamente de ellos. Relatos sobre el departamento donde vivió mi abuela. — No ficción. — No ficción, exactamente. Lo de no ficción no me gustó nada. Y yo siento que es esto, que acá aparecen como centrándose en la historia de los protagonistas. Nunca en primer plano, pero están. — Mucho más en Matute, un personaje más trágico. — Mucho más en él. Y aparte, la abuela acaba de morir, hace muy poco. Entonces es como una presencia, una sombra que todavía tiene encima. Que por ahí, en el caso de Constanza, lo de su abuela es en otro sentido. Como ejemplo, como mandato. Como señalándole un camino del que ella no se apartó nunca. Pero en el caso de Matute sí, es distinto. — Pensaba en cuánto de lo que hay en la novela tiene que ver con vos y con tu vida. Todo lo que hay de tu vida estilizado para la novela. — Sí, hay un montón de cosas que son de mi vida, de mi experiencia, imágenes. Cosas que me contaron otros hijis. Yo rescato testimonios que me hayan impresionado no por ejemplares. A mí me interesaba mostrar esa deformidad que en Matute está hecha carne, pero, digamos, la deformidad de estas historias, de lo que nos pasó después. — Sí, pero es la deformidad y es también la humanidad porque lo que aparecen son personajes con cosas muy viles, muy crueles, y al mismo tiempo humanos y amorosos. Ser víctima no te hace mejor persona. — No. Yo creo que al revés, tenés altas chances de que te haga peor persona. — Por el sufrimiento, además. — Claro, claro. Me parece a mí. Que de ahí uno pueda sacar algo bueno, que te haga salir mejor, me parece bastante excepcional.— A partir de la ficción aparecen un montón de cuestionamientos e historias bastante siniestras de los organismos y de la política de derechos humanos, muy desde adentro también.— Sí. — ¿Estás tranquila? — Sí. Estoy tranquila porque vi que no pasa nada. No me pasó nada ni con el Diario ni con Fantasmas en escena, que es el libro de mi tesis, donde analizo las obras de teatro pero que tiene contrabandeado mi análisis de las políticas públicas del kirchnerismo. Se trata del teatro de la época y se trata de la época. Y no me pasó nada porque yo tampoco le debo favores políticos a nadie, a esta altura. Estoy colgando de un hilo del Conicet. — Como todos. — Sigo becaria. O sea, me seleccionaron el año pasado. Y no entré. No entré porque no hay ingresos. Se supone que entré pero no entré y yo entro al sistema y me figura que mi beca termina el 31 de diciembre. Y qué pasa después, si te la prorrogan o no, qué sé yo.— Volvamos al origen de la novela. Me decías que querías escribir sobre tus abuelos, ¿y cómo fue que decidiste escribir una ficción, una novela, una comedia romántica que tiene cosas de policial? — Sí, totalmente. Es que se me aparecieron ellos dos, Constanza y Matute. Se me aparecieron en verdad esos diálogos. A mí me quedó pendiente un artículo para un proyecto que no lo pude terminar sobre las dimensiones estéticas de la búsqueda forense en México. "Diario de una princesa montonera. 110% verdad" (Planeta) es la edición ampliada del libro más conocido de Mariana Eva Pérez.— Eso está en la novela. — Eso está. Me quedó pendiente porque fue como algo como... No supe qué hacer con eso. No me dieron ganas de seguir indagando ni leyendo ni un carajo nada de todo esto.— ¿Vos estuviste en México? — Estuve allá, pero después de haber estado con ese proyecto. Y sí, hay imágenes de la novela que son de mi viaje. Estuve primero justo antes de la pandemia, pero para un congreso y poquito. Las dos veces que estuve, estuve en Guadalajara. — Sí.— Y después seguí en contacto con gente así que un poquito seguí el tema de Jalisco, a pesar de que nunca pude escribir y ahora siento que pude. Entonces, eran la figura de la antropóloga forense, la búsqueda forense en México, el equipo de Antropología Forense, su rol transnacional. Eso era un poquito lo que yo tenía que investigar. Después vino la pandemia y me cambió bastante ese año. Era un año de un puesto para una Universidad afuera. Yo soy medio un desastre, como que siempre estoy debiendo cosas. Soy muy desorganizada, pero al mismo tiempo no me gusta incumplir, tengo eso de buena alumna. Entonces eso que no hice me quedó picando también. Situaciones que sé, que conozco y que incluso vi. Por ejemplo, en un momento supuestamente nos dieron los legajos de los desaparecidos en Medicina y en realidad no había nada. Era como una carpetita y no había nada. Toda una expectativa para nada. Pero ponele, de pronto estaba una mesita con unas chicas de la Secretaría de Derechos Humanos y del EAAF (N. de la R. el Equipo Argentino de Antropología Forense) ahí mismo tomando muestras porque se esperaba que vinieran muchos familiares que no se habían acercado nunca. Entonces todas esas imágenes fueron como cuajando en esto. Ahora, ¿por qué una comedia romántica, una historia de amor, de sexo? Qué sé yo por qué se me dio por eso. — ¿Habías escrito algo parecido alguna vez? — No, nunca. Cuando hice teatro, tampoco."Al principio tuve muchos meses de no contarle a nadie lo que estaba haciendo porque ni yo entendía el viaje en el que me estaba metiendo", dice la autora de "Constanza y Matute".