La historia solo se conoce con el paso del tiempo. Los hechos alcanzan su verdadera dimensión cuando mirando desde la calma y sin la intoxicación de la premura se puedan enlazar narrativas que ahora parecen inconexas y opacadas por la espuma de la actualidad. Este tiempo solo se comprenderá en una década. Piezas accesorias que ahora parecen que no encajan irán colocándose, enseñando el mapa completo de la corrupción actual que es mucho más profundo que el que alcanza únicamente a los peones de la política.

Las conexiones entre jueces, abogados y otros particulares que operan de forma poco clara quedan ocultas entre tanto ruido y no tienen la atención que merecen porque por el momento solo interesa la rama política y gubernamental. El caso Plus Ultra tiene una dimensión que todavía no hemos transitado porque no tiene como objetivo acabar con este gobierno y no hay asociada una pieza de caza mayor de las que interesan a la mayoría mediática con capacidad para marcar la agenda pública. El abogado Miguel Palomero aparece en la causa en unas conversaciones en las que se habla de hacer “una kitchen gabinet” para tumbar el proceso que se había abierto en un juzgado de instrucción de Madrid contra la aerolínea. En otra de las conversaciones dijo que había 50.000 euros para “jueces, policías y funcionarios”.