Momento maravilloso de la realización televisiva del primer discurso del Papa en España: el Pontífice se pronuncia contra “las narrativas divisivas y polarizantes” y pide que se eviten “las palabras que humillan y enfrentan” y la cámara enfoca a José María Aznar y Felipe González, sentados uno al lado del otro; de refilón, como siempre, se vislumbra a Mariano Rajoy. El Papa también habló de “la noche oscura del alma” de San Juan, ese momento de crisis y tinieblas que puede dar lugar a un renacimiento, y ahí la realización no enfocó a nadie, aunque seguro que Pedro Sánchez pensó “que me va usted a contar a mí”.

La visita del León XIV ha coincidido con la filtración y lectura compartida del diario/agenda de Leire Díez, una fan fatal del PSOE de Sánchez con delirios de grandeza propios. Cualquiera con buen criterio dentro de Ferraz hubiera pedido una orden de alejamiento (porque cualquiera sabe que a John Lennon le asesinó un admirador obsesivo) pero fue todo lo contrario: a ella alguien le dio cargos públicos, primero, y nadie, después, le desanimó de ejercer un papel de agente secreto de Hacendado a la busca y captura de testimonios de la guerra sucia contra Sánchez. No hay indicio alguno de que el presidente supiera algo de esta trama de Mortadelo y Filemón que no consiguió nada de lo que pretendía sino todo lo contrario. De lo que sí hay constancia es de procesos dudosos contra el hermano y la esposa del presidente por ser el hermano y la esposa del presidente, que jamás se hubieran producido si Sánchez no fuera presidente. De lo que sí hay constancia es de la prioridad nacional que Feijóo está firmando a lo largo y ancho de España. De lo que sí hay constancia es del sesgo de la alta judicatura para condenar o absolver acciones iguales dependiendo de quien las cometa.