Uno de los pasajes más relevantes del discurso de enorme altura que el Papa pronunció en su visita al Congreso de los Diputados fue la apelación, clara y directa, al diálogo, a "la palabra" y a la concordia de una clase política que debe buscar el "bien común" por encima del enfrentamiento. Lo hizo ante un hemiciclo que hace mucho que no encuentra un punto de encuentro tan potente como el que ha confluido esta semana en torno a la figura de León XIV. Pero el mensaje del Pontífice no se pondrá en práctica. La crisis política es tan amplia y la sombra de la corrupción tan alargada que ni unos ni otros están dispuestos a firmar un cese de las hostilidades. El inédito viaje del Santo Padre a Madrid ha dejado imágenes insólitas, como la de Isabel Díaz Ayuso sentada junto a Carlos Cuerpo y Yolanda Díaz en el multitudinario acto del Movistar Arena o la de Santiago Abascal, que compartió de nuevo espacio con Pedro Sánchez pese a prometer que no volvería a hacerlo si no podía "denunciar su corrupción moral, política y económica" y mantuvo además una conversación animada con Alberto Núñez Feijóo. Pero desde el principio era una tregua artificial. Y no ha hecho falta que el Papa León abandone siquiera España. Sólo Madrid. La encargada de romper formalmente esa tregua política —artificial, pero sólida durante tres días— fue la portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, que aprovechó su habitual comparecencia de los martes en el Congreso para volver a poner el foco en el carrusel de escándalos del Gobierno y truncar con ello sus intentos de conseguir que la visita de Robert Prevost pusiese sordina al difícil horizonte judicial que atenaza a Moncloa y a Ferraz. En el PP hay satisfacción porque creen que las expectativas del PSOE no se han cumplido: ni ha conseguido sacar rédito político de su presencia ni tampoco desviar el foco de los múltiples frentes abiertos en los tribunales. Tras repasar las causas que no sólo siguen vivas, sino que se agravan con el paso de los días en el entorno del Ejecutivo, Muñoz censuró en conversación informal con los periodistas los intentos del Consejo de Ministros de usar al Papa "como escudo" para tapar sus problemas. Volvió a hablar de "delincuencia" y "corrupción de Estado" y amplió la sombra de la sospecha sobre Pedro Sánchez. Por la tarde, el PP replicó la estrategia en el control del Senado con ácidas críticas dirigidas a Carlos Cuerpo, Félix Bolaños o Fernando Grande-Marlaska, incluyendo gritos de "¡dimisión, dimisión!" contra el ministro del Interior. Pero el momento de la verdad llegará este miércoles. Sánchez y Feijóo volverán a verse cara a cara y en Génova ya avanzan que no habrá signo alguno de contención. "El Papa no nos ha dicho que no hagamos nuestra labor de oposición", ironizan en la dirección nacional. El mismo hemiciclo en el que menos de 48 horas atrás aplaudía y vitoreaba de forma unánime a León XIV recuperará la lógica de las trincheras de la que en realidad no se ha salido en toda la legislatura. Según trasladan en su equipo, el líder del PP hará alusión a "los pecados del sanchismo" por los "delitos" que se le acumulan al líder socialista. La última vez que el presidente del Gobierno se enfrentó al control fue el pasado 20 de mayo. En aquel momento tuvo que hacer frente al golpe descomunal que supuso para la organización socialista la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, su gran referente moral, por blanqueo de capitales y tráfico de influencias. Pero lo peor estaba por llegar. El pasado 17 de mayo, la UCO entró en Ferraz en el marco de la investigación sobre las cloacas del PSOE. Los implicados no sólo se concertaron para amañar contratos a cambio de comisiones, sino que también intentaron neutralizar todas las causas de corrupción que afectaban al PSOE y a Sánchez. Desde entonces no ha habido día sin varapalo o revelación que aumente la presión sobre el propio presidente del Gobierno, cuya figura aparece mencionada en multitud de ocasiones en el sumario del caso Leire. Sólo este martes, El Confidencial publicó que la UCO cuenta con la baza del contenido del teléfono del amigo del jefe del Ejecutivo, Juanma Serrano, para determinar la propia imputación de Pedro Sánchez y reveló un dato clave que complica también el futuro judicial de José Luis Rodríguez Zapatero: el juez Calama ha pedido autorización a Estados Unidos utilizar como prueba el móvil clave del caso. En el PP insisten en que "lo peor está por llegar". Feijóo volverá a pedir un adelanto electoral en la acalorada jornada de este miércoles, una opción que Sánchez no contempla. El líder conservador retiene aún la posibilidad de impulsar una moción de censura, aunque hay sectores en el PP que confían en que alguno de los dos socios que pueden romper el bloque —sobre todo Junts como reacción a su hundimiento en las encuestas— se mueva. Hasta que llegue ese momento, si es que se produce, Génova agravará el tono y maniobrará en los tribunales —ya ha solicitado la imputación de las hijas de Zapatero al liderar la acusación popular del caso Plus Ultra—, en el Parlamento y, llegado el caso, incluso en la calle. El verano está a la vuelta de la esquina, pero hay serias dudas con la posibilidad de que esta vez sirva de pomada a las heridas abiertas en Moncloa. El caso del hermano de Sánchez está visto para sentencia; José Luis Ábalos aguarda la posible condena por el 'caso Koldo'; y el martirio se multiplicará la próxima semana. El día 15 declara Begoña Gómez; el 16, Mercedes González en el Senado tras los indicios que ubican a la directora de la Guardia Civil en el epicentro del 'caso Leire'; y el 18 y 19 será el turno de Zapatero. Uno de los pasajes más relevantes del discurso de enorme altura que el Papa pronunció en su visita al Congreso de los Diputados fue la apelación, clara y directa, al diálogo, a "la palabra" y a la concordia de una clase política que debe buscar el "bien común" por encima del enfrentamiento. Lo hizo ante un hemiciclo que hace mucho que no encuentra un punto de encuentro tan potente como el que ha confluido esta semana en torno a la figura de León XIV. Pero el mensaje del Pontífice no se pondrá en práctica. La crisis política es tan amplia y la sombra de la corrupción tan alargada que ni unos ni otros están dispuestos a firmar un cese de las hostilidades.
El PP vuelve a la trinchera tras el paréntesis del Papa y apretará con "los pecados del sanchismo"
En las filas de los conservadores creen que el Gobierno no ha cumplido sus expectativas y que la visita del Pontífice no ha servido para aplacar sus problemas judiciales. Feijóo pondrá fin a la tregua en su cara a cara con Sánchez










