Tras llevar su mensaje pacificador ante los representantes públicos, con un discurso en el Congreso de los Diputados histórico y muy aplaudido en ambos lados del hemiciclo, el papa León XIV ha visitado este lunes la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE), donde el agua no siempre está en calma. El río a veces baja revuelto y el Pontífice ha aprovechado su discurso ante los prelados para pedirles unidad, con una intervención en la que también se han tocado asuntos como la agenda sinodal, la cuestión migratoria o los abusos. “Vuestra misión os reclama custodiar la unidad, favorecer el diálogo, sanar las fracturas y acompañar el camino del pueblo encomendado a vuestro cuidado”, ha señalado Robert Prevost ante los obispos. “Una Iglesia reconciliada por dentro puede hablar con mayor libertad a los hermanos de otras confesiones cristianas y de otras religiones, a los que no creen, a las autoridades civiles y a todos los hombres de buena voluntad que trabajan por el bien común”, ha agregado León XIV, que desde que arrancó su mandato ha tenido la unidad interna de la Iglesia entre ceja y ceja.Además, a este Papa le preocupa de manera especial la polarización en el conjunto de la sociedad. En ese sentido, en las líneas pastorales que aprobó la Iglesia española para los próximos cuatro años, se incluía el temor de que la polarización pase también a las comunidades cristianas. No es baladí que haya trasladado ese mensaje ahora a los prelados, que en algunos asuntos públicos como la acogida de los migrantes, han tenido disonancias por parte del ala más conservadora. “No conviene tampoco olvidar algo que aprendemos de las vicisitudes de tantos emigrantes: una persona sola sin raíces y sin recursos, es alguien que sufre terriblemente y que con gran dificultad puede establecer vínculos sólidos en el lugar adonde llega”, les ha dicho al respecto el Papa, que también en el Congreso ha hecho referencias a esta cuestión de forma clara al subrayar que “el extranjero debe ser acogido conforme a su dignidad y que la vida humana jamás puede ser tratada como mercancía”.Al inicio de su discurso, ha hecho también una defensa de la agenda sinodal que impulsó el papa Francisco y ha querido trazar una metáfora a lo largo de su intervención con un viaje y con un peregrinaje como el del Camino de Santiago. “Una tentación de los viajes es la de obsesionarnos con lo que dejamos, los lugares, las cosas, las formas, sin abrirnos, en docilidad al Espíritu, a la novedad de lo que encontramos”, ha afirmado. “A esta tentación se añade la del equipaje, que, por parecidas razones, llenamos de cosas inútiles que terminan siendo un lastre”, ha agregado.En la línea de su mensaje unitario, ha apuntado también que algo que suele costar mucho al viajar “es comunicarnos con el otro”. “Sea debido a la lengua y las culturas distintas, sea por la desconfianza hacia lo desconocido, sea por las rencillas e incomprensiones que pueden darse incluso entre personas cercanas, nos sentimos limitados a la hora de expresarnos o de comprender a nuestro interlocutor”, ha remarcado.El papa León XIV con los obispos españolesCedidaAsimismo, unas horas antes de su reunión con las víctimas de abusos sexuales, se ha referido a los abusos en el seno de la Iglesia como “una plaga” y “momentos de oscuridad”. “Nuestro viaje está hecho de encuentros, en ellos no faltarán los que viven momentos de oscuridad, y nos reclaman que nos hagamos para ellos samaritanos. Uno delos más dolorosos es con aquellos que han sido heridos precisamente por quienes debían cuidarlos, incluso por miembros del clero”, ha expuesto el Papa. “Ante esta plaga, la comunidad eclesial está llamada a responder con la escucha, la verdad , la justicia, la herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y caminos reales de sanación”, ha rematado Prevost, que ya se refirió a este asunto como “una herida abierta” el sábado a bordo del vuelo papal.En estos últimos días, el presidente de la CEE, el arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, ha tenido un papel más bien discreto, a veces invisible, aunque ha acompañado al Papa en todo momento. En las semanas previas, había adquirido una notoriedad pública que desde que el Pontífice aterrizó en Barajas recayó en el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo. Este lunes Argüello ha recuperado durante unos instantes el papel de protagonista. Tras la visita a las dependencias de la CEE, que celebra este año su sexagésimo aniversario, todos los prelados, que han podido saludar al Pontífice de manera individual, se han desplazado a la nunciatura, donde han comido con el Papa. Mañana martes está previsto que acudan todos los obispos a Barcelona en tren para estar presentes en la misa solemne de la Sagrada Família y en la bendición de la torre de Jesús. También este domingo, en la solemnidad del Corpus Christi, la mayoría de obispos estaban en el altar de Cibeles con León XIV.El Papa y la IAAntes de la bendición en la comida con todos los obispos en la nunciatura, León XIV ha hecho una broma y ha comentado que antes de su viaje preguntó a la Inteligencia Artificial qué debería decir a los prelados. La IA le empezó diciendo que ”el papa Francisco diría…”, un momento en el que interrumpió la conversación para decir que el Papa ahora es León XIV. Tras esa broma les ha dicho a los obispos que la Iglesia tiene “otro algoritmo”. “Ese otro algoritmo nos lleva a querer a la gente, a acompañar a las personas, a hacernos servidores de la palabra”, ha agregado el Pontífice.Redactor de La Vanguardia y colaborador de la revista cultural El Ciervo. Cubre la actualidad política catalana desde 2017