León XIV ha empezado fuerte su viaje a España. Ya desde el avión papal, en el que se comprometió a “trabajar personalmente” para acabar con la “llaga” que suponen los abusos a menores en la Iglesia, su visita parece destinada a dar claves políticas, y a señalar, con finezza vaticana, los dramas del sistema. Comenzó en Madrid, en el Palacio Real, con un discurso ante las autoridades en el que Prevost hizo un llamamiento rotundo a “huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos”, y agradeció a España “su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos”.
“Vengo entre ustedes para confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio, así como una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta Nación”, apuntó el Papa después del saludo de Felipe VI. “De hecho, su propia historia sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad. El mensaje de paz que en estos tiempos, por desgracia, resuena para algunos como ingenuo y para otros como provocador, encuentra acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas, sino que se abren a la verdad”.











